lunes, 26 de enero de 2015

OS DIAPLES DE PANTI II/4. CANAL ROYA


Escalada por primera vez en 1989, y habiéndola repetido no se cuantas veces....esta última vez, me trató de otra manera.


Mi mano izquierda.



No se prodiga ultimamente el hielo en el piri.  Cada vez mas escaso, cada vez mas fino...... Lo que mas pereza me da, es subir esas rampas para esquiadores.  Se me hacen eternas.  La pasión , lo puede todo.
Otra vez, la cuadrilla, otra vez en el mismo sitio, otra vez la misma rutina... juntarse, saludos y abrazos, carreteras, cafés , cada uno a su paso, y vamos llegando, y vistiendo para la ocasión.  Mientras unos, se van a tumbar la "enajenación" , Aitor y yo , nos vamos a la "diaples".   Esta tiesa, pero como tantas otras veces.     Es un recorrido conocido, tantas veces escalado, y a mi hermano de cuerda, no le trabaja la cabeza como el quisiera.  Atamos los cabos de nuestras cuerdas, y ya calentaremos escalando.  Anda un viento norte, frío, muy frío, a esta cara de la montaña, nunca le da el sol.   De vez en cuando, nos regala con una ducha de nieve venteada, que si se te cuela por la espalda, te deja helado.
Comienzo a escalar, con ganas, con el cuerpo aún frío, y las manos heladas, a pesar de los guantes.  El hielo, esta muy duro, algo cubierto de nieve, y en algunos tramos, puedes ver la roca que hay debajo, ya que esta totalmente transparente, como un escaparate.  Un pioletazo tras otro, mi mano izquierda, se va enfriando. Hago movimientos, intento calentarla, pero sujeto solamente por las puntas de mis crampones, no puedo soltar la otra mano, que se agarra al otro piolet.  Sigo escalando, sigo sin notarla, sigo intentando calentarla...
Ya veo la reunión....apenas a dos metros por encima de mi cabeza.  El último tornillo, quedó bastante abajo. Tengo que hacer un esfuerzo por llegar, aunque mi cuerpo dice que estoy a punto del colapso.  Los cuatro dedos de mi mano izquierda, están completamente inútiles.  Sigo agarrando el piolet, por el cierre que me da el dedo pulgar.  Un par de golpes más , y ya habré llegado.  No puedo abrir el mosquetón de mi autoseguro. Tengo la mano completamente insensible.  Paso el brazo, a través de un cordino que hay en la reunión, y con la mano derecha, abro el mosquetón, y me aseguro.
Me quito el guante, y meto la mano en mi sobaco.  Muevo los dedos, desesperado por que entren en calor, y en la reacción , comienza un dolor tan fuerte, tan punzante, que me deja completamente inservible.
- Aitor..Me estoy mareando...
Me puedo imaginar como se habrá sentido mi compañero, esperando ver mis movimientos, mis reacciones allí arriba, sujeto con tan solo las puntas de mis crampones, con cuarenta metros de hielo casi vertical de separación entre ambos, y con mi seguridad, en la cuerda que sujeta con sus manos.
Monto la reunión, con una mano y los dientes, y en el momento que paso la cuerda por el punto central, y ya estoy asegurado , comienzo a perder la cabeza.
 - ¡¡¡ Bájame !!!, 
Me descuelga despacio, voy dando pasos hacia atrás, casi automáticamente.  Apenas veo, y mi cabeza, da vueltas en todas las direcciones.
El dolor de recuperar el calor, sigue siendo enorme, alguna lágrima quiere escapar de mis ojos, pero el viento se la lleva rápidamente. Ya en la seguridad del suelo, todo vuelve a su lugar de origen.
Parece una broma macabra, lo que me ha ocurrido, por que en apenas unos minutos, Aitor esta subiendo, por donde hace nada yo estaba siendo descolgado.
Llegó a la reunión, me aseguró, y terminamos la cascada. Ya no hubo más frío para mi. 


Después nos fuimos con el resto de la cuadrilla, a darle unos pegues a la  "enajenación mental ", y nos subimos por todos los lados. Poleados. La cascada no estaba para chistes, estaba rota de lado a lado. Partida por completo.



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