viernes, 23 de junio de 2017

RIGLOS EL PURO



Hace creo que tres años que se lo prometí.
Ha llegado la hora.
Su primera incursión en Riglos.
 A escalar de verdad, a dejar de escalar de juguete.




Una vez me dijeron:
- Hasta que no escales en riglos, no seras escalador. Hasta que no escales en Ordesa, no sabrás escalar -.
Y hoy mi hermano de cuerda, es Asier Jaka.   Un chaval con la mayoría de edad recién estrenada, y con muchas ganas de escalar, muy motivado, y con un espíritu peleón.
De entre todas las opciones que le dí para su primera vez, eligió el puro.
El ver la entrada de la vía, no se si lo dejó mas tranquilo, o mas nervioso, y así lo deje, ahora vamos a dormir, y mañana ya veremos.
Dormir, con estas olas de calores.....nos costó bastante, en la furgo, a pesar de tener las puertas abiertas, el calor era infernal.   Parece ser que nos pudo el sueño, y a las seis, ya estábamos dando botes.
 La logística planeada, es entrar a las siete como muy tarde, y aprovechar la sombra todo lo posible.
Dicho y hecho, a las seis y media ya estamos a pié de vía.   Vestidos desde el coche, con las cuerdas al hombro, le cedo le primer largo de cuerda, y para arriba que se va , como un tiro.





Le oigo soplar en algún paso, esto no es rocódromo, pero va ligero y seguro, y de repente......
- ¡¡¡ Reunión ¡¡¡¡-
Me ato el otro cabo, y sigo sus pasos, ya conozco la roca, ya conozco el desplome, ya es la tercera vez que hago estos pasos.
A largos alternos, vamos ganándole metros, y conforme vamos ganando altura, la sonrisa, parece querer salirse de su cara.






Le toca el primer largo de la torre del puro, en ese largo, donde sientes el vacío bajo los pies....no se achanta, ni un pelo.
También le toca el largo mas duro, el paso de 6b, que a esa altura, impone un poco, y se planta en la cima.
En la minúscula cima, allí nos quedamos media hora, disfrutando del paisaje, de las avellanas, de la compañía.





Se que no somos los únicos, que por aquí ha pasado mucha gente, pero es extraordinario, ver como disfruta de cada segundo . Como si hubiese sido el primero en llegar hasta esta pequeña cima.
Pero como todas las veces que subes, ahora toca bajar.  También en los rápeles, anda suelto, parece que lleva toda la vida en este oficio de escalador.  Tampoco imponen los volados, fiándote de dos pequeñas cuerdas, como única sujeción a la vida.
La ola de calor, llega, pero nosotros ya estamos en el suelo, y disfrutamos de un almuerzo, a la altura de la vía que hemos hecho.
Justo premio y justo reconocimiento, por querer hacer de la escalada, un motivo de vida.






No hay comentarios:

Publicar un comentario