domingo, 15 de noviembre de 2015

UNA VUELTA POR IRATI




Hoy, no voy a contarlo desde la vivencia. Sin mas, copio y pego.Gracias J...........perdón, me ha dicho que quiere ser anónimo........Gracias por la crónica.


Una vuelta por Irati
Suena el despertador. Estoy a punto de levantarme de forma casi automática para poner la cafetera, cuando de pronto recuerdo que hoy es sábado…y que son las cinco de la mañana. Continúan llegándome estímulos de lo que llamamos realidad, mientras noto cómo el sueño, escaso tras la larga semana laboral, me abandona de mala gana... Hoy la salida del club es a Irati… 29 kilómetros y 900 metros de desnivel… asumible para mi actual estado de forma, bajo como casi siempre.
Con un movimiento decidido, salto de la cama para descubrir que la noche aún campa a sus anchas por ahí fuera. Trato de imaginar que son las dos de la madrugada y que mi casa en Pamplona es un refugio de los Alpes, en donde hay que madrugar para alcanzar con garantías de éxito la cima de algún “cuatromil”…sonrío ante mi nueva excusa para soportar los madrugones, la peor parte de todos mis días, excepto muchos fines de semana y días de vacaciones, en los que unos ojos iluminan mis amaneceres...
En el sitio de costumbre, reina la puntualidad. Todo son caras de sueño, pero con sonrisas que denotan ganas de aire libre y de luz. No estamos todos, como siempre, y como siempre, todos recordaremos a los que esta vez no están. Quizá en la próxima salida…
El viaje hasta Casas de Irati se hace largo, sobre todo tras intentar tomar un café en Otsagabia, ¿La gente no madrugaba en estos pueblos? ¡Las ocho menos cuarto de la mañana no es tan tarde…! Con el estómago “triste” continuamos hacia el punto de partida.




Tras aparcar, calzarnos las botas y ponernos algo de abrigo, comenzamos a andar. Hace fresco y el sol aún brilla de forma tímida. Es joven y se acaba de levantar…
Los primeros kilómetros por el GRT-9 en dirección Noreste, transcurren por una pista junto a un arroyo…así da gusto calentar!! Pero pronto ésta se convierte en sendero y los árboles, ya sin apenas hojas, dejan ver un cielo azul, sin una nube.
Tras un giro a la izquierda, el GRT-9 enlaza con el GR-12, con destino al collado de Oraate…e Illarrita. La pendiente ya es seria, ganamos altura y vemos el valle y el río Urbeltza cada vez más abajo. Las hayas han desaparecido, pero otras nos esperan más arriba. El Ori se adivina en algún sitio…el sudor aparece.





Tras trescientos metros de desnivel, la subida se suaviza, enlazamos con un carretil asfaltado que da servicio a las bordas de pastores de la zona (así como a algún “Movil home”, tan fuera de lugar como  un inodoro tirado entre las hayas) y llegamos a Oraate. Proseguimos por el GRT-9 y pronto llegamos a Illarrita, ya bajo un sol de justicia: el verde, el azul y una multitud de Cromlech nos rodean. Auñamendi, Atxerito y Alanos nos saludan, el Ori continúa acompañándonos, al fondo se divisa el mar…¡¡qué bonito!!!
Un comentario sirve de excusa para una idea que a todos nos ronda…primero uno, luego otro y luego otros más, nos descalzamos y caminamos hasta la cima de Okabe con los pies desnudos, intentando atrapar algo de esa energía que inunda este lugar, enviando “recuerdos” a las gentes que aquí yacen, y así, de algún modo reencontrarnos con esa parte de nosotros que perdemos cada día en las llanuras grises y rutinarias…
En lo alto de Okabe sacamos la correspondiente foto de cima con el banderín del club, Antsoaingo Mendi Eskola obliga. Esta no es una gran montaña desde el punto de vista deportivo, pero como todos bien sabemos, la montaña no sólo es deporte. Y a Okabe hay que ir por lo menos una vez en la vida.


Tras picar algo, acompañado de una bota de vino felizmente “porteada”, reanudamos camino. Aún queda trecho, y los días son cortos en noviembre. El GR 12 nos conduce ahora por la cara norte de Urkulu Gandorra, en Iparralde, entre prados que antiguamente fueron bosque. La mirada se pierde hacia las lejanas Landas…sigue siendo curioso sentir los Pirineos al sur de uno, en lugar de al norte...
Por fin, la vertiginosa media ladera por donde franqueamos Urkulu Gandorra finaliza, dando paso al descenso y a una borda que en algunos provoca sentimientos de sana envidia.





Llegamos a la cola del embalse de Irabia, preocupantemente vacío de agua. En todo el camino, a excepción de Okabe, no hemos encontrado animales “racionales”, sólo ovejas, caballos y pájaros han observado nuestro caminar. A partir de ahora esto cambiará.
El sol ha crecido, se ha hecho mayor, y con descaro, nos hace sudar, pero el bosque de nuevo acude en nuestra ayuda, rodeándonos. El sendero local NA 53-C pronto abandona la pista que rodea el embalse y nos saca del camino en donde intrépidos “bikers” circulan con cara de velocidad. De nuevo, entre hayas y abetos. Sin embargo, todos adivinamos ya el final de la excursión, los paseantes en playeras y oliendo a colonia así nos lo indican. Pero aún queda un tramo, el último, entre el bosque. El sendero que seguimos enlaza con el SL NA 63-A que, tras un repecho de despedida, pronto nos deja en Casas de Irati. El sol ya es tímido aquí, asustado quizá por las decenas de coches, gente y ruido que nos encontramos al llegar. Hoy no ha sido necesario usar los frontales, y es que tras ocho horas de recorrido, incluyendo paradas, hemos llegado antes que la noche.



Una cerveza bien merecida nos aguarda en Otsagabia, pero antes, el sol se despide de nosotros en el alto de Tapla, tiñendo de un dorado más intenso si cabe, las últimas hojas que aún visten las hayas.
Abajo en el pueblo, tras irrumpir sin proponérnoslo en la sesión fotográfica de una pareja de recién casados, asaltamos el bar. Alguna cerveza es sustituida por una infusión, las primeras estrellas nos recuerdan que el otoño está avanzado... Y en el crepúsculo, oímos relatos de lejanos países y cordilleras, de ascensiones soñadas y por fin realizadas y de otras aún por culminar. Algunos sentimos sana envidia. El mundo es tan grande y hay tanto por hacer…
El reloj nos devuelve a la realidad. Antsoain aún está lejos y conducir de noche es siempre más pesado que hacerlo de día. El viaje de vuelta se hace de memoria. En el camino “hacemos algún amigo” en forma de conductor irresponsable y maleducado, pero sin consecuencias.
El viaje ha terminado. La montaña de hoy quedó atrás. Pero muchas otras nos aguardan…


Otoño de 2015







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