LO ZDERBY. 445 m. 5c (5a obligado) Arnad. il Paretone. Valle de Aosta.

 


Comerte 2500 km para hacer una vía, como que no merece la pena. 

Si estás en el valle de Aosta, Italia, para intentar comerte un Cervino por la arista del Lion, y la calor, los desprendimientos, un frente borrascoso, unas ampollas gigantes, que no funcionen los teleféricos, que te cierren el monte...si todo eso te destroza los planes, si después de toda esa mala suerte sales por arriba en una vía, entonces han  merecido esos kilómetros.

Pared de Il Paretone, en el pueblo de Arnad. Una vía facilita, pero con ambiente. 

El primer intento, nos pierde por los caminos de la pared, y terminamos haciendo deportiva por los alrededores hasta que empieza a llover. Decidimos en asamblea de majaras que mañana va ha hacer mejor tiempo, y esperamos al sol.

Al día siguiente damos con la placa que indica el comienzo.




Vamos que nos vamos. En cordada de tres empieza el baile. Placas de adherencia, cazos a muerte, algún desplomillo, buenas presas, jardines, un enano en la reunión, viento que nos quiere arrancar de la pared, hacen que los 445 m. se nos pasen volando. En ningún momento se tiene miedo, las chapas están bien colocadas, no así las reuniones.





Esta es mi crítica particular. Si tengo una repisa buena, por pequeña que sea, aprovecho y coloco la reunión ahí. No me subo dos metros mas arriba, con lo cual la postura ya no es cómoda, y coloco la reunión a todo lo que se me estira el brazo, midiendo por lo menos 1.89 de alto. Por que digo esto, por que llega un retaco que con su 1.68 se defiende maravillosamente por todos los largos, no alcanza a las anillas, y luego todo es dolor de pies, malas posturas asegurando a los compañeros, y las reuniones se convierten en una putada.

 Al margen de esto, muy bien. Muy disfrutona. Y las vistas del valle, espectaculares. 






Total que una vía facilita donde disfrutamos y dejamos de lado nuestras frustraciones, para divertirnos como nos gusta, bailando en la vertical, a gusto con la compañía, en un día soleado y ventoso.

Los últimos dos largos, en zapatillas y en solo integral, como los buenos, como los descerebrados, como los suicidas, como los.... ponle el adjetivo que quieras.

Un poco más arriba del final, hay un caminito que te sube hasta el vértice geodésico, y de ahí ya se ve el camino de bajada hasta el pueblo.

Que la disfrutes.




























MULLERES 3010 m.



Al menos dos veces se quedaron solamente en intentos. Tormentas y desconocer el camino fueron el castigo.
Hoy voy con el convencimiento de que las tormentas no las han anunciado, y el camino ha sido estudiado. Con los deberes hechos.

 La luz del frontal atraviesa la noche al salir de la Besurta. Es negra como la entrepata de un grillo. El  camino hacia el Forau d´aiguailluts es una trinchera excavada por millones de pasos.

Las luces de unos frontales rompen en mi espalda. 

- Eh perdona, ¿vas hacia Aneto?

Les doy mi información y les digo que vayan hacia la derecha, hacia unas luces que se ven altas, pero que no están muy lejos, que Aneto está por allí, pero ellos no quieren llegar al refugio de la Restanca,     (quiero suponer que quieren decir La Renclusa) por que van a hacer mucho desnivel, y que van a subir por el Salterillo, y que van bien...

Ante el batiburrillo de información que me dan, les deseo suerte, y que ese refugio les va a pillar lejos.

La niebla me rodea.

La visión es muy escasa, apenas dos metros que se reflejan en la luz del frontal como si estuviera nevando, tal es la humedad de esta nube agarrada al suelo.




El camino que voy siguiendo, es el que viaja por la Balleta de la Escaleta. Me detengo a tomar aire, y allí abajo veo dos luces dar vueltas. En un paso al siguiente rellano, hay que echar las manos para superar una roca mojada, resbaladiza, y siempre metido en la niebla que se va diluyendo muy lentamente.






El sol despacio comienza a dibujar las rocas, las hierbas, y los horizontes. Todavía hay que mirar hacia arriba, y cada vez hay que forzar menos el cuello. Se comienza a adivinar el final, se pasa de roca pulida a bloques sueltos. Un hito grande avisa por fin del final.

He venido a lomos de la casi ceguera, inventando el camino una vez metido en el valle, todo de frente, todo tieso hasta el hito grande que hay a un paso de la cima. Un poco mas allá, un cartel de madera me indica que ya no se puede subir más, y él o la de los rotuladores, ha estado aquí también. No es la más bonita, ni la más difícil, es una más que sobrepasa esa cota mágica en los pirineos.

Contemplo el medio paisaje que me permiten las nubes, y vuelvo mis pasos.

He tenido tiempo de acordarme de la pareja que intentaba subir al Aneto. Mucho track, mucho gps,  mucha tecnología, pero como te atrape la noche, y no te sepas orientar.... Igual apareces en el refugio de la Restanca.
































Merche. 180m. 6a (5b/A0obligado) Peña Escuach. Panticosa.

 




Como dijo Simone Moro en Estrellas del Anapurna, escribir sobre uno mismo, es un acto de vanidad.

¿Es más vanidad escribir sobre uno mismo y sobre su compañero?

Que más da la vanidad, a lo que hemos venido es a escalar. 

A esta vía le tenía ganas, por lo menos desde la primera comunión.... hace mucho tiempo, pero la vida da muchas vueltas y muchas veces en la dirección equivocada, y eso te hace permanecer estático esperando ver por donde derrapa para salir del giro imposible.

Así que en uno de esos giros, se alinean dos cabezas, y corren a buscar un quehacer. 


              



Está precioso el piri, con los últimos neveros que quedan a modo de disfraz. Que ganas de volver a verlo. 

La peña Escuach, es un montico de esos que no llama la atención, no por nada, si no que no la llama, pero a los aperturistas les llamó el paño de roca, y con muy buen criterio a mi entender, trazaron una línea muy evidente.


                                



Unas indicaciones erróneas nos llevan hasta casi la cima, acarreando cuerdas y mosquetones. Fallo de principiantes. Media vuelta a buscar el camino bueno, el verdadero que nos va a llevar hasta la base de la Merche.

Mi joven Padawan, está como un zorro recién sacado de la jaula... es su estado habitual, y se lanza  a por el primer largo. Según la reseña es al más duro de la vía.


                                                 




Si los dedos se me han quedado mantequillosos de la inacción, tendré que apretar más de lo que me imagino, y no imagino mal, se me hace raro acariciar esa roca tan adherente, que casi parece que me absorbe, pero a mi cabeza le cuesta volver a jugar con el aire bajo los pies. Mas no escaqueo los largos que me tocan y bailando sobre las puntas de los dedos, en poco mas de dos horas decimos:

- Mecagüen la leche, Merche, sácate unas cervezas.



























Sin complejos. 205m.6b (V+ A0) Peña Rueba.

 



Allí en los pilares rojos.

 Donde deben vivir los ratones coloraos, vive Sin Complejos.

 Tampoco los tenemos, nos gusta Peña Rueba y la disfrutamos. Su roca es buena, los aperturistas buscan recorridos verticales y los aseguran para que los paquetes seamos capaces de subirnos por ellos sin pasar demasiado miedo. No tenemos complejos de eso, de ser paquetes. No me queda claro si fue Rebuffat o si fue  Lowe quien dijo que "el mejor escalador es aquel que más se divierte", y aquí estamos los mejores escaladores del mundo, desacomplejados.





La vía arranca en un cartelito de la primera chapa, con el nombre, para que no nos equivoquemos y nos metamos en algún fregao de los gordos, recorre un primer zócalo y nos va dejando ver la torre, el pilar por el que nos vamos a subir.
Hoy pega el sol, estamos en cara este, y aunque no quema, se agradece la sombra de las reuniones en arboles. 





Somos dos cordadas de amigos bien avenidos, y al llegar a la chimenea, una cordada sigue el camino ya iniciado, y la otra, que no son tan paquetes, se cambia mas a la derecha para subir por el "otro lado", donde hay que apretar bastante más.
Aquí es donde se pone tieso el camino. Aunque le dan 6a o 6b, no nos lo parece. Igual los paquetes están muy fuertes, y se va dejando hacer. La reseña nos marca 16 cintas, y en algún de los largos, quitábamos las de abajo para subirlas más arriba. Creo que conté hasta 23 cintas.






La escalada aquí se hace deliciosa.
 En diedro algunas veces, la roca se deja acariciar y se disfruta viendo como los metros bajo los pies crecen mientras el azul se va viendo cada vez más grande. La sombra sigue al lado, hasta que ceden las dificultades y el sol saca nuestra sombra de verdad.
Prácticamente a la vez las dos cordadas salimos al sol, y unos andando y otros rapelando, volvemos a la paz del suelo donde nos daremos el premio merecido en otro bonito día de montaña.
Sin complejos.








































Purujosa. Jóvenes y guapos. 100 m./ V+

                                                                        Jóvenes y guapos.



No es lo que queremos hacer, pero cuando la primera presa se te queda en la mano, todos los esfínteres se aprietan.

Estamos de semana fantástica, y muchos planes se han ido al garete, por, paradoja, tormentas e incendios. Calcena la vemos como buena opción, ya que el tiempo nos respeta y podremos escalar como lo que somos. 
Unos paquetes.

Hoy tenemos la intención de hacer la arista de la virgen, en la cresta del gallo, en el pueblo de Purujosa.
Hemos leído que hay un clavo, un puente de roca... así que llevamos "ferralla" para navegar por la vía.





En el primer paso, Pitis destruye una presa. No estaba alto todavía, y bien sujeto de pies y la otra mano. Esto nos pone sobre aviso, a pesar de que el grado no es alto.
Llega a la reunión y ahora con la cuerda por arriba, voy viendo el percal de lo que tengo enfrente. 
Una vez reunidos, valoramos lo que tenemos por encima, y creemos, pensamos, debatimos, y vemos que el siguiente largo se va a deshacer.
 O eso es lo que nos parece. 
Decidimos abandonar el camino "oficial" y meternos por la izquierda, en lo que intuimos que es roca más neta. Con bastante mas selva.
 Vamos flanqueando hacia la izquierda, ganando altura, casi haciéndole un ribete a la roca, cerca de la arista, pero sin llegar, protegiendo en bastantes buenas fisuras y arbolitos con buen tallo.
Pero queremos salir arriba, ver el sol, y una fisura bastante vertical, que tiene buena pinta, sale al paso. Monto reunión debajo, y la miro y la remiro. Parece fiable. De nuevo nos volvemos a reunir, y volvemos a debatir. 






El tacto de la roca es bueno, pero hay que tratarla con mimo.
La fisura se ensancha y estrecha y decido probar. Si sale mal, si se rompe....
Soplo y resoplo, no por la dificultad, no por la dureza del paso. 
Soplo y resoplo por el compromiso que yo solo he adquirido.
Apenas son diez, quince metros.
Se dejan proteger, y la roca no se deshace. Pincha y mucho. Eso es bueno, al menos para mi. 
Y mi cabeza aparece en la arista. 
Un arbolito brinda su tronco para un último lazo. Ya veo el sol y el paisaje que quedaba al otro lado. Montar una reunión en un bloque me garantiza que mi compañero llegue entero. Con que lo pase "raro" uno de los dos es suficiente. 
Viene disfrutando de este último reto. 
Realmente es su primera vez en un terreno completamente desconocido, " abriendo vía".
Llega feliz.
Disfrutamos del paisaje, de las impresiones, de todo lo aprendido, y siguiendo la arista, buscando lo más evidente nos bajamos de este viaje en una ¿primera?....
Nos da igual, la hemos disfrutado como si así fuera, y si no.... también.




















 


Pico Margalida 3.241 m. Corredor norte 235 m. MD 75º M4

 




Cuatro horas de aproximación para enfrentarnos con una clásica pirenaica de las buenas.

 Al lado del Aneto, tan frecuentemente asaltado por montañeros viejos , montañeros nuevos, aficionados a la montaña, domingueros y tuercebotas. Si buscamos por sus rincones, encontramos en uno de sus cordales algunas montañas muy bonitas sin tanta aureola de altura que buscan un poco mas de dificultad, de esa que te hace crecer como alpinista.

Hace unos años, pisé la cima de Margalida recorriendo una de esas preciosas aristas que llegan hasta el más grande. No el más bonito. Para mi entender.

Hoy surge la posibilidad de subir de nuevo a Margalida pero por una ruta diferente, más alpina, más difícil, más precaria dependiendo de las condiciones, no siempre buenas. 



La marcha de aproximación es larga, pero las ganas son mas fuertes. Es muy larga. Cuatro horas de perseguir un deseo, que quizás se caiga por su peso, a pesar de las indagaciones de las condiciones que llevamos días siguiendo. Aneto nos muestra orgulloso su manto de nieve sobre su glaciar, al que casi llegamos a tocar con las manos mientras nos vamos hacia su espalda, hacia ese brazo de roca que alberga el corredor. De lejos, de todavía muy lejos, ya se ve. Esa línea casi vertical en la que desde tan lejos intuimos una cordada peleando con la gravedad.

Paso a paso, con tan solo el sonido de las botas contra la nieve endurecida como el cemento, ascendemos la última pala que nos lleva al cono de entrada, y donde otra cordada espera a entrar. Apenas a cien metros deciden subir, y nos parece que vamos a esperar un buen rato.

 No hay prisa. Si dos cordadas delante nuestra lo están haciendo quiere decir que las condiciones son buenas. ¡BIEN!



Los últimos en entrar, trastean después del cono. Suben y bajan, bajan y suben...

Hasta que bajan.

 Hablan no se que de una pierna atascada entre sus músculos, que el hielo, que la nieve, que quizás, que no se que...

Es nuestro turno. Ramón sube como un cohete. Está con ganas, al igual que Luis, al igual que Javier. La fatiga de la aproximación ha desaparecido. Escalar hielo a finales de Mayo no es muy normal, y como nos va la marcha....

El pasillo vertical se deja hacer, con nieve prensada, con hielo pirenaico, con nieve corcho... La roca acaricia el casco en los estrechamientos, los brazos casi no dan de si en la salida del resalte, los pies deben subir un poco mas altos por que si no no das el paso. Las cuerdas se deslizan por la pendiente. Las reuniones son estrechas, incómodas, casi colgadas... Tres tíos suspendidos en una anilla es mucho tensionar, y hay que hacer ballet sobre las puntas de los crampones para mantenerse dignamente calentando los gemelos que ya vienen a gusto.

Esto es alpinismo del bueno. 

Donde se comparten las escaladas, los cabos de la cuerda, la camaradería, las risas, el esfuerzo, el sudor.


Y es aquí donde las dos cordadas se juntan. Unos van muy deprisa, y otros van muy despacio.

Unos rapelaremos el corredor para volver por donde hemos venido, y otros no podrán ya rapelar y tendrán que salir por arriba y de paso subirán al Aneto que dicen que no lo tienen hecho.

Y ya está.

Un nuevo deseo que cae al cajón de los objetivos cumplidos. Al cajón de los recuerdos. Ahora toca dar la vuelta al camino, desandar lo andado con una nieve blanda, pegajosa y volver al origen. Todavía no sabemos que el día de hoy nos va a brindar una buena calcetinada de 21 km, con 12 horas de actividad, más de 1800  m de desnivel, y al final unas cervezas frías como recompensa.






























































Txurregi (1128m.)





 - ¿Cuánto tiempo hace que no salimos juntos al monte?

- Ni sé..... He perdido la cuenta....Muchos, muchos años...

Las taras del pasado han conseguido que las superemos al hacernos viejos, y que podamos disfrutar de nuestra mutua compañía llegado este momento.

- ¿Txurregi?

- ¿Por que no?.... tu no lo tienes hecho, y yo lo he subido cincuenta mil veces....

- Desde Ekai..... una nueva ruta para los dos.

- La previsión da agua en un 40% hacia medio día...

- ¡Vamos!




Aunque el cielo está gris plomizo, arrancamos con ganas por la senda marcada. Las rodadas de tractor afean el recorrido obligándonos a hacer funambulismos para no caer al barro. La cuesta no es pesada, y en animada charla vamos subiendo... Tenemos tanto que contarnos...
La llegada al collado que separa Gaztelu de Txurregi, nos recibe con viento, como no podía ser de otra manera. Nada que no hayamos sentido antes. Y Gaztelu nos invita a meternos en sus laderas.




Lo dejamos para más tarde, cuando bajemos de uno con la inercia subiremos el otro. Y encaramos la última cuesta, la que pica un poco.
Es aproximadamente cuando nos queda un cuarto de esta, cuando las primeras gotas de agua comienzan a romper en las mochilas. Las miradas se encuentran mientras llueve con ganas y sigue arreciando. No hace falta hablar, el camino ahora es hacia abajo. Volvemos las botas, y con cuidado de no patinar, descendemos mientras la torrencial lluvia nos va calando. Hasta que... de repente para. Ya no llueve. De nuevo las miradas se vuelven a juntar, y retomamos la subida.
- ¡Que frikis que somos...!
Se rehace el camino perdido, y se llega al paso que da acceso a la cima casi plana. Casi se hiela la vista. Una nueva tormenta viene hacia donde estamos, pero parece que aún tardará un rato en llegar. Seguimos hacia el buzón.

El cielo está partido en dos, y parece que por esa rendija que queda en el medio se cuela un huracán.
Nos empuja hacia la arista, parece que para querer tirarnos por el otro lado. Viene corriendo por toda la ladera, y nos arrastra hacia arriba. Descendemos algunos metros para poder andar mas tranquilos, y nos vuelve a elevar. No sabemos de velocidades, pero este aire debe correr a muchos kilómetros por hora. No llegamos al buzón. Lo tenemos al alcance de la mano, pero tememos que si nos acercamos más, hagamos un vuelo hasta el punto de partida. Tal es la fuerza del viento. Dejándolo para otro día, estamos seguros que no se va a mover, desandamos el camino y nos vamos para abajo por nuestros propios medios.



Y de nuevo comienza a llover. Con más fuerza que antes. Acompañado de un fuerte granizo, que golpea las capuchas ya húmedas de antes, y las vuelve a empapar. Un rayo golpea el suelo apenas a doscientos metros de donde estamos y seguido el trueno que nos confirma que estamos en el medio de esta tormenta. Apuramos un poco más el paso, por lo menos hasta llegar a los árboles, donde se supone que estaremos un poco más protegidos de los rayos, y desandamos el mismo camino que hicimos a la subida. Por fin el sendero queda atrás, y vuelve a parar de llover. El camino castigado por las ruedas nos confirma que vamos bien y el funambulismo se deja querer.
Pero todavía nos va a caer otra vez el final del diluvio. Ahora abrimos los paraguas como para decir que ya no nos importa que llueva, pero que vamos preparados. Calados hasta los calzoncillos, terminamos nuestra vuelta, empapados pero contentos. Las risas no han faltado en ningún momento, aunque ha habido algún rato de estrés, pero eso ya ha quedado atrás.
Vamos a comer, y a festejar con una cerveza, que hace aproximadamente treinta años que no salíamos juntos al monte.




































Agatha. 30m. 3+ a 4+. La Chalp.

 


Esta cascada no se suele formar todos los años, por lo menos en condiciones. Este año si, mira tu que suerte. Además la aproximación es muy rápida. Un cuarto de hora desde el parquin de las pistas de ski de fondo de La Chalp. Y además con huella abierta.

Cuando me pongo debajo, como soy un cagao, le busco lo más fácil y evidente para subirme por ella.

Voy controlando como puedo los temblores de mis piernas ya que me apetece mas ir de segundo que de primero....serán los años.....serán.

El caso es que me tiro adelante y doy los primeros pasos. El hielo no es el mejor, pero está bueno. Pienso que si no subo, mi compañero tampoco lo hará. Me enredo yo solo en esos y muchos más pensamientos, y de repente me doy cuenta que ya he subido  unos cuantos metros, y que bueno, ya que estoy aquí, que apriete los dientes, que libere la cabeza y que siga.... y que meta algún tornillo.



Miro insistentemente hacia arriba, vigilando los chupones que cuelgan sobre mi cabeza. si se cae alguno, me desguaza. Pero no quiero pensar en esas cosas, tengo que disfrutar de la escalada, y cada vez que golpeo el hielo con los piolets y los crampones, derrocho un montón de energía por la fuerza con la que lo hago. 

 Voy roscando tornillos y contando mentalmente los que me quedan y calculando donde los meteré, ya que si no me llegan, me cago de miedo.

Se que lo puedo escalar sin problemas, pero en mi cabeza,mis miedos, no dejan espacio a nada más. Ya tuve hace unos años una caída, inocente, sin problemas, a la amorosa nieve, y se me desarboló la cabeza y me costó mucho tiempo recuperar la confianza en mi mismo en estas escaladas.




Tengo prácticamente la cascada a mis pies. Apretando mucho los dientes, casi he conseguido llegar a la reunión. Tan solo me queda un resalte de unos dos metros de altura de hielo transparente, como si fuera a escalar un cristal rugoso. Los chupones ya me han dejado fuera de su zona de impacto. Mi compañero me está asegurando al sol. La cascada no chorrea, no corre agua por ningún sitio, y la reunión está ahí, un poco por encima de mi cabeza... Y no me atrevo a moverme. Vuelvo a colocar otro tornillo, al final me van a sobrar, y el piolet derecho lo tengo bien clavado en toda la extensión de mi brazo. Tengo que agarrarme a el, subir el pie izquierdo, patear no muy fuerte para clavar el crampón, y subirme a el para volver a clavar el otro piolet, patear con el pie derecho, y prácticamente estaré fuera, y no puedo.




Es muy frustrante no poder dar el último paso por que la cabeza no te deja.

 Respiro profundamente un par de veces, y decido ganar o perder.

Por supuesto que gano. 

He vencido a mis miedos y la reunión está en mi mano con la cuerda pasada por ella, y libre de toda la tensión antes acumulada. Me ha costado un enorme debate en el centro de mi cerebro, con todo a favor y todo en contra.

Me reúno con mi compañero, y este disfruta de la cascada con la seguridad de la cuerda por arriba.

Le damos pegues por aquí, por allá, por lo fácil y por lo vertical. 

Ahora no me cuesta escalarla por lo más vertical, lo resuelvo sin problemas, con la cuerda pegándome en la nariz.

Ahora no tengo miedo. 

Los músculos saben lo que tienen que hacer, y ni tan siquiera pienso por donde subir. Todo tieso para arriba.