MULLERES 3010 m.



Al menos dos veces se quedaron solamente en intentos. Tormentas y desconocer el camino fueron el castigo.
Hoy voy con el convencimiento de que las tormentas no las han anunciado, y el camino ha sido estudiado. Con los deberes hechos.

 La luz del frontal atraviesa la noche al salir de la Besurta. Es negra como la entrepata de un grillo. El  camino hacia el Forau d´aiguailluts es una trinchera excavada por millones de pasos.

Las luces de unos frontales rompen en mi espalda. 

- Eh perdona, ¿vas hacia Aneto?

Les doy mi información y les digo que vayan hacia la derecha, hacia unas luces que se ven altas, pero que no están muy lejos, que Aneto está por allí, pero ellos no quieren llegar al refugio de la Restanca,     (quiero suponer que quieren decir La Renclusa) por que van a hacer mucho desnivel, y que van a subir por el Salterillo, y que van bien...

Ante el batiburrillo de información que me dan, les deseo suerte, y que ese refugio les va a pillar lejos.

La niebla me rodea.

La visión es muy escasa, apenas dos metros que se reflejan en la luz del frontal como si estuviera nevando, tal es la humedad de esta nube agarrada al suelo.




El camino que voy siguiendo, es el que viaja por la Balleta de la Escaleta. Me detengo a tomar aire, y allí abajo veo dos luces dar vueltas. En un paso al siguiente rellano, hay que echar las manos para superar una roca mojada, resbaladiza, y siempre metido en la niebla que se va diluyendo muy lentamente.






El sol despacio comienza a dibujar las rocas, las hierbas, y los horizontes. Todavía hay que mirar hacia arriba, y cada vez hay que forzar menos el cuello. Se comienza a adivinar el final, se pasa de roca pulida a bloques sueltos. Un hito grande avisa por fin del final.

He venido a lomos de la casi ceguera, inventando el camino una vez metido en el valle, todo de frente, todo tieso hasta el hito grande que hay a un paso de la cima. Un poco mas allá, un cartel de madera me indica que ya no se puede subir más, y él o la de los rotuladores, ha estado aquí también. No es la más bonita, ni la más difícil, es una más que sobrepasa esa cota mágica en los pirineos.

Contemplo el medio paisaje que me permiten las nubes, y vuelvo mis pasos.

He tenido tiempo de acordarme de la pareja que intentaba subir al Aneto. Mucho track, mucho gps,  mucha tecnología, pero como te atrape la noche, y no te sepas orientar.... Igual apareces en el refugio de la Restanca.
































Merche. 180m. 6a (5b/A0obligado) Peña Escuach. Panticosa.

 




Como dijo Simone Moro en Estrellas del Anapurna, escribir sobre uno mismo, es un acto de vanidad.

¿Es más vanidad escribir sobre uno mismo y sobre su compañero?

Que más da la vanidad, a lo que hemos venido es a escalar. 

A esta vía le tenía ganas, por lo menos desde la primera comunión.... hace mucho tiempo, pero la vida da muchas vueltas y muchas veces en la dirección equivocada, y eso te hace permanecer estático esperando ver por donde derrapa para salir del giro imposible.

Así que en uno de esos giros, se alinean dos cabezas, y corren a buscar un quehacer. 


              



Está precioso el piri, con los últimos neveros que quedan a modo de disfraz. Que ganas de volver a verlo. 

La peña Escuach, es un montico de esos que no llama la atención, no por nada, si no que no la llama, pero a los aperturistas les llamó el paño de roca, y con muy buen criterio a mi entender, trazaron una línea muy evidente.


                                



Unas indicaciones erróneas nos llevan hasta casi la cima, acarreando cuerdas y mosquetones. Fallo de principiantes. Media vuelta a buscar el camino bueno, el verdadero que nos va a llevar hasta la base de la Merche.

Mi joven Padawan, está como un zorro recién sacado de la jaula... es su estado habitual, y se lanza  a por el primer largo. Según la reseña es al más duro de la vía.


                                                 




Si los dedos se me han quedado mantequillosos de la inacción, tendré que apretar más de lo que me imagino, y no imagino mal, se me hace raro acariciar esa roca tan adherente, que casi parece que me absorbe, pero a mi cabeza le cuesta volver a jugar con el aire bajo los pies. Mas no escaqueo los largos que me tocan y bailando sobre las puntas de los dedos, en poco mas de dos horas decimos:

- Mecagüen la leche, Merche, sácate unas cervezas.