Los kilos te sientan tan bien 75m. V+ y Carla 135 m. V +. Mallo Colorado. Riglos

 



Es uno de los mallos pequeños pero le hace sombra a alguno de los grandes. No es enorme, pero es divertido y como la temporada del frío está tocando a su fin, preferimos andar con poco equipaje y disfrutar del sol, ahora que todavía no pica.

Cuerdas arnés gatos casco ilusión y ganas. Esas últimas nunca faltan.

Buscamos unas chapas negras que nos indicarán el inicio de la vía, y resulta que una si y otra no, tienen chapas negras. Por la situación en la pared, creemos que estamos en el sitio adecuado, en el momento preciso y nos queremos subir por ahí.

 Como es principio de temporada de roca no nos atrevemos de momento a intentar vías más duras. Para calentar, está bien. Mis compañeros se van a bautizar hoy en la escalada riglera, aunque no sea en los grandes.

Esa roca ya conocida, se me antoja sencilla, a pesar del tiempo sin rozarla. Me siento a gusto viendo a los buitres comenzar sus planeos sobre nuestras cabezas. El día es precioso. No hay nubes, el cielo azul transparente, sin viento por ahora...

Desde la primera reunión aseguro a mis compis, las dificultades han quedado más abajo. Quizás a uno se le atragante más que al otro, ese paso, pero ayuda y mucho llevar la cuerda tensa por encima de la cabeza. Unos pasos más sencillos nos siguen llevando a lo alto, y de repente, sin darnos apenas cuenta, no se puede seguir más arriba. El descenso fácil, nos lleva a la paz del suelo, y a las cervezas. Se nos ha echo corto, nos hemos quedado con hambre de más, así que volveremos mañana.



El nuevo día amanece parecido. Sopla una brisa, que en algunos momentos te deja frío, pero no indiferente. Volvemos al salón de juegos de ayer, después de mucho cavilar otras rutas asequibles. Hoy nos metemos en la que ayer creímos que era la que quisimos hacer, así que entrenamos en otra vía sin darnos cuenta, y ahora si vamos ha hacer la que nos motivó en su momento.

Vuelta a acariciar las piedras pegadas a ese barro milenario. Vuelta a temer quedarnos con las piedras en la mano, y vuelta a disfrutar del tacto áspero de esas piedras. Volver a bailar con ellas para ir dejándolas abajo, en una sucesión de gestos y acrobacias sencillas, hasta casi la misma altura de ayer, en la primera reunión. 

El paso se atraganta y tensa los nervios, una, dos, tres, cuatro...- ¡Bájame!...El cuerpo, y sobre todo la cabeza, no está para mantener tanto tiempo suspendido el estrés, y prefiere dejar paso al siguiente y no demorar la escalada. Tenemos todo el tiempo del mundo pero....

Ahora somos cordada de dos, y una cordada compenetrada, avanza rápido por la pared. Paramos en una gran plataforma a disfrutar de las vistas, del paisaje, del sol, del viento, de los buitres, de nosotros.

Pero alguien se ha quedado abajo...Hay que calmarle la angustia del tiempo que pasa sin compañía, y nos vamos rapelando.

Un par de vías iniciáticas en este reino de los Mallos que saben a poco pero dejan buen sabor de boca. Volveremos.




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