La mirada de Maite. 330m/6b. Peña Rueba

 


Mirándola desde abajo, impone. Algo menos si te apartas de la pared. Ese torreón anaranjado en el Mallo Estrella llama la atención, por lo vertical de su final, y lo "amable" de su comienzo. Ya la tenía echa hace algunos años, pero a causa de la insistencia, me decido de nuevo y esta vez, a diferencia de la otra vez que fui de paquete, intentaré liberar todos mis largos. Pájaro loco, Alimoche y Buitre. Así nos autodenominamos los tres integrantes de la cordada. Jesús, Miriam y yo, aunque no en el mismo orden. Sorteamos los largos, y me tocan los más duros, no me importa, al contrario, quiero probarme. II-V-IV+-IV-V-V-V-V-6a/+-6b/+-6a-IV.


El suelo se quedó allí abajo. Ganamos metros rápidamente en una escalada que no es difícil, es placentera. Los agarres son buenos, y las presas para pies abundan. Dos largos para cada cabeza de cuerda. Orden en las reuniones, buenas reuniones, y bastante cómodas para la muchedumbre de tres que subimos. Pero como somos tres pájaros, queremos volar, y llegar a lo más alto. Es el Alimoche quien inicia el vuelo, en el largo de 6a/+. Una piedra en la que su pie se apoya, decide que ya está bien de estar allí arriba, y se va bajo su peso, disparándose hacia el suelo, acompañada de un puñado de envidiosas y poniendo de los nervios a la cordada que tranquilamente viene detrás. Solamente ha sido un susto, para quien asegura, y quien lo ha visto en directo. Solamente un pequeño vuelo, en el que el Alimoche, casi ni se ha dado cuenta. Lo ve cuando le toca remontar.


Hay que emplearse a fondo yendo de primero para solventar el siguiente largo, por una buena roca anaranjada que tira para atrás, y que con maña, técnica y fuerza, también se queda bajo los gatos. Estamos a un par de pasos de salir por afuera, y llega otro bonito largo de seis a, en el que el patio ya es formidable. Y las vistas. A un paso de la foto cimera, con todo el trabajo hecho. Solamente queda descender, pero el camino es sencillo después de lo que hemos subido.

Un bonito día de montaña con unas temperaturas envidiables para las fechas que son, y un cielo azul que invita a seguir trepando.











Riglos. Mallo Colorao. Vía Anorexia, 115 m V


 

Es una de esas vías facilitas, dentro de la prudencia, que como paseo sirven para llegar a la cima del mallo colorao, y admirar desde otro punto de vista el paisaje circundante.

Una vía que en ningún momento se pone brava, que se deja escalar con tranquilidad. No olvides nunca, que anda en el V grado, y el patio se agranda a cada paso que das en la vertical.

Dos largos de IV y dos largos de V.

El acceso es bastante evidente, y el descenso, desde una sabina y en un único rapel hasta el suelo.

No fouquier. Midi dossau.

 


Al lado de la "normal" al Midi.

 Hay una vía que me lleva llamando la atención, desde hace mucho tiempo. Una clásica. La fouquier. Seiscientos metros de recorrido sin grandes apreturas, un solo paso de V, en la que indudablemente hay que saber navegar.

Decididos nos vamos hacia ella, a subirnos por sus pasos de IV cacharreando. Salimos del aparcamiento cuando todavía la única luz existente, es la de las frontales y los millones de estrellas que cuelgan sobre la negrura. Los ladridos de los perros pastores, nos avisan que no nos salgamos del camino. Casi es igual a la otra vez que iba a la sureste clásica. Cambia el objetivo y cambia el compañero. Txema, otro clásico como yo.

En hora y cuarto más o menos vemos como se empieza a desperezar el refugio de Pombie, donde los guardas se afanan en preparar desayunos a los huéspedes. Recogemos agua en la fuente y seguimos camino adelante.


Vamos buscando una entrada a este mar de roca cercano a la verticalidad, y no hallamos lo que marcan las reseñas, Quizás sea porque las legañas no nos dejan ver, o la escasa luz que todavía nos da el amanecer, no nos aclara la vista. Suponemos que es siempre con dirección a lo más fácil, y comenzamos a nadar en estilo libre por el mar de roca.

No es complicado. La protección es más difícil. Las grietas son ciegas, y los friends no entran. Los pasos no son complicados, pero el suelo cada vez está más lejos. Casi como caminar hacia arriba, sin pasamanos que te ayude o te guíe, hasta que una voz recia, fuerte, contundente, grita a mis espaldas que la vía Fouquier está unos treinta metros más a la izquierda. A la tuya o a la mía, es igual, los dos estamos mirando a la pared. Como castigados por algo que todavía no hemos hecho. 

Txema viene a mi encuentro. Se mueve todo dice, y puedo ver algún pelo erizado debajo del casco. La verdad es que después del anuncio de que no estamos en la línea, las travesías no han sido fáciles. Las fisuras son más ciegas si cabe que antes, y el suelo cada vez está más lejos. Subo otro largo de cuerda, intentando ver, intentando adivinar, intentando buscar un camino lógico a este deambular por la pared. Al final de la cuerda, no sé dónde estoy, no sé dónde montar reunión, no sé si continuar o bajar, o subir, o quedarme quieto. Encuentro una laja lo suficientemente grande como para montar una reunión en línea, y le pido a mi compa, que no se caiga. La precariedad está aflorando.




El descubre un clavo unos metros más a la izquierda, y le aseguro mientras va hacia él, y detrás voy yo. Ahora sí que decidimos que estamos perdidos en la inmensidad de la pared. Que lo lógico es tirar hacia adelante, siempre buscando lo más evidente y lo más fácil, pero la reunión de majaras, decide que lo mejor es bajarse de una forma segura, al suelo.

Así que montamos un rapel desde ese clavo, y otro que nos ha salido al paso, y deseamos encontrar algo que nos sirva para deslizarnos de espaldas setenta metros más abajo. Aventura mientras desciendo por la cuerda, buscando una estación donde apearme, y esperar a que vuelva a pasar otro tren. Esta estación está en una repisa, y después de gritar ¡libre! me dedico a recorrerla de una punta a otra buscando un nuevo tinglado que nos permita volver a sujetar las cuerdas y nos envíe una vez más hacia abajo. A buscar la paz del suelo. Un rato después ahí nos encontramos, mirando hacia arriba, viendo el sueño que no hemos podido realizar, pero con la satisfacción de una vez más haber sido autosuficientes, y haberle podido engañar a la gravedad. Y ponernos a salvo.

















Lac de Lhurs





 Una actividad que lleva mucho tiempo durmiendo en la carpeta de proyectos, ha despertado. Quizá sea ahora el momento de realizarla. Preparadas con mimo, las mochilas van llenas de friends, cintas, magnesio, mosquetones, cuerdas... Ilusiones. Por fin esa reseña, va a pasar de las pendientes, a las realizadas. Queriendo aprovechar las horas más frescas del día, o que cuando caliente el sol nos pille muy arriba con gran parte de la labor hecha, decidimos dormir cerca del pie de vía.  El suelo está empapado para vivaquear. Dentro del coche, la postura es incómoda. Uno dentro y otro fuera, dejan pasar las horas más oscuras. Pronto, demasiado pronto suenan las alarmas. Un desayuno nutritivo, y mochilas al hombro. 



La oscuridad da paso a la claridad, no a la vista. Las nubes han caído sobre el suelo, y caminamos como flotando entre ellas. La pista ancha impide salirse del camino, pero no deja verlo. Ascienden y ascienden los pasos, uno tras otro ganándole metros a la altura para no llegar al destino esperado. Habiendo dejado atrás la entrada, por no haberla visto. Los poros de la piel rezuman sudor empapando las ropas por dentro, y las nubes pegadas a la piel hacen lo mismo por fuera. El calor es a veces insoportable, el de dentro y el de fuera. En una parada, reponemos líquidos para volver a sacarlos en cuanto reanudamos la marcha. El poco paisaje que alcanzamos a ver, ha pasado de bosque a prados salpicados de roca, pequeñas, grandes, enormes. Un círculo de luz queda a nuestras espaldas, y el espectro de broquen lo estamos esperando al llegar a chapotear en las orillas del lago. Al levantar la vista, apenas quedan nubes por encima de nosotros, pero no es esto lo que queremos ver.



Vuelta atrás a buscar la puerta de entrada a lo que sí queremos encontrar. El camino sigue marcado de nuevo en el bosque, es imposible salirse. La cascajera que andábamos buscando aparece entre las nubes. Remontamos entre piedras sueltas que nos hacen retroceder más que avanzar, y a fuerza de piernas y equilibrio, las hierbas altas, empapadas por la niebla, empapan las zapatillas, los calcetines, los bajos de los pantalones absorben agua con avidez dándole más peso al que hace rato que porteamos. Desilusión es la palabra que se nos refleja en las caras. El objetivo se va a quedar de nuevo metido en el cajón. Con tanta agua en la roca, eso será una pista de patinaje, en la cual no apetece deslizarse. Aquí se queda a esperar los rayos del sol, y siempre tenemos tiempo para volver.

Te preguntarás donde está, donde hemos ido. El Lac de Luhrs está debajo de la cara norte de la Mesa de los tres reyes, partiendo desde Lescún. No te puedes perder, ni te lo puedes perder.











Aguja de Bachimaña. Espolón Edu D+ 250 m.

 



Tres patas pa un banco. Tres paquetes escalando. 
O no nos lo contamos todo, o no nos escuchamos. Dos suben todo el material, uno espera fresco a pie de vía. Desde el Balneario de Panticosa no se ve, pero sabemos que está ahí. La hemos visto otras veces cuando andurreábamos por los alrededores, siempre a la sombra de los más grandes, y al ser tan "pequeña" ni tan siquiera una mirada recibía. Desde el refugio de Bachimaña, si se ve, pero siempre teníamos aspiraciones más grandes. Tresmilear, y cuando ya están todos hechos, entonces empiezas a mirar alrededor. El petit Dru de Panticosa he oído. Quizás sea cierto que tenga alguna similitud con la famosa aguja, salvando las distancias.






El espolón Edu, 250 m. de escalada sostenida con un grado bajo. Muy disfrutona, sobre todo para ir aprendiendo a manejarse en el arte de "meter" friends. Y con los amigos empezamos a intentar recorrer esta montañita, una pila enorme de piedras superpuestas desafiando la gravedad, con la comodidad de no tener pasos expuestos ni espacios donde te puedas detener a algo más que a escalar. La cabeza trabaja liberada. Dos cordadas de supertortugas nos preceden. Han entrado por la original, pero para mi gusto, la cuerda roza demasiado. Se podría haber evitado con unas cintas generosas, pero chillan y gritan que no corre, que les pille el compañero, que recupere cuerda...
Entre esta entrada y la entrada norte, hay una especie de diedro canal, que es el que más me gusta, ya que discurre recto a la línea que dibuja el espolón, y por el me voy, por no esperar más, por ver quien grita al otro lado de la cuerda de la cordada que va delante.





Con los gatos de no escalar me voy para arriba, intentando disfrutar del sol que no calienta demasiado, y del tacto de la roca. Es un granito muy bueno, en el que la adherencia esta garantizada. Recorro los cincuenta metros aproximadamente del inicio del espolón, con ganas, casi demasiadas. 
¿ Por que estoy aquí?, por que no estoy en otro lado, por que me apetecía explorar esta vía, y aunque me resulta muy sencilla, quiero hacerla como primera toma de contacto con esta bonita aguja.
 Llego al emplazamiento de la reunión, que me la marca la cordada que va delante, y monto la mía, sin molestar, con friends. y voy a traer a mis compañeros. Tampoco les cuesta a ellos llegar hasta  donde estoy, y ya veo reflejada en sus caras, la satisfacción que les da recorrer el mismo camino que les he marcado. Reposamos este primer largo, dándole tiempo a la otra cordada a que se aleje. Dejando distancia. Hay un largo muy pequeñito, de transición, de II grado, que hacemos con la cuerda al hombro para colocarnos debajo, ahora si, del espolón. Por delante otros cuatro largos, que nos llevarán hasta arriba. Txema quiere, tiene ganas, y enseguida se nos pierde de vista. En la reu, mientras aseguramos y contemplamos el paisaje la conversación es animada.







Miguel también está deseoso , está valiente, y los siguientes dos largos se los disfruta de primero, como un chabalico con zapatos nuevos. Colocando los seguros donde estima conveniente, se hace estos casi últimos metros, con una gran sonrisa. Se nota que lo vive y lo goza. Al irnos recogiendo, aprovechamos los pasos mas verticales y con más patio, para darle un poco al postureo. Que suspiren las redes...






En el reparto de largos, Txema vuelve a pedir su turno, y de nuevo se va. Es el último de la vía. 
Que podíamos haber salido antes, pues si.
Que podíamos haber ido más rápidos, pues si.
Que no tenemos prisa, pues si.
Que la hemos disfrutado como si fuese la vía de nuestra vida, pues también.
Nos quedamos arriba, saboreando la brisa que corre, las vistas, el bocata, el trago de agua. Echamos unas risas, y vemos a las dos cordadas que teníamos delante, bajar ya por los destrepes. Buscamos la salida en este caos de piedras apiladas, y con cuidado descendemos de nuevo hasta la base. Una mochila se ha quedado allí, con lo que hemos pensado que no sería de utilidad. Un largo descenso hasta casa de piedra, nos hace sentir sed. Una jarra refrescante es la recompensa.



















CALCENA. PEÑA DE LA MESA. VÍA TORRIJO. ESPOLON NADAL. VÍA DE LOS ESPINOS.VÍA MERCHE. VÍA MAPI. POKER DE VÍAS.

 


Un finde con ganas de escalar, y tras decisiones varias, a Calcena. En la cara oculta del Moncayo. El calor acecha en la península, y por esa cara, va ha hacer algo más de fresco. Luís me ha animado, el calor me deja aplatanado como decíamos hace muchos años, aplatanado es poco, desganado diría más bien.

En mi imaginación deje correr la ilusión de estar solos, o muy poco acompañados. Mi imaginación me quitó la razón, cuando al llegar intentamos hacer un poco de deportiva, por aprovechar la tarde del viernes en el sector del tercer puente. Allí estaban todos escondidos, a la sombra, al acecho de cualquier escalador. No puede ser que todas las vías estén ocupadas. Dos líneas apenas quedan libres, y así, codo con codo con el resto de la gente que tiene las mismas ideas que tu, todavía somos capaces de escalar tres vías de corte deportivo, bien chapadas, desde V a 6a+. Para ir calentando.



80 m. V+-V+-6a+

Una de las más visitadas. Como tenemos tres largos, y el que escala de verdad es Luís, le dejo los impares, y me quedo con los pares. Somos una cordada curtida en muchísimos largos, y nos compenetramos a la perfección. Sin apenas hablar de reunión a reunión. Limpios y ordenados, disfrutamos de una subida amena, con algún pasito que se me quiere atragantar, pero mi cabeza dice que ese grado, que no diga chorradas, que lo pelee, y que salgamos por arriba sin cagarme en los pantalones, y así cazo a cazo, agarre pequeño o grande, solvento mi largo y los otros dos, para llegar a admirar las vistas que desde aquí arriba se nos brindan.



                              


60 m. IV-6a-6a+


En la misma tónica que la vía anterior, pero estamos ávidos de subir, de trepar. El sol no es justiciero todavía, y después de un rápido descenso andando, volvemos al placer de acariciar la roca. En el mismo orden que antes, los pares y los impares. Es al llegar a la segunda reunión cuando el olor que nos llega, no es precisamente a roca. Es mas a hierba, a hierba de la buena, no de la que crece entre las fisuras de la roca. La gente escala a la sombra en la pared de enfrente. Escalada deportiva buscando la dificultad, aunque no todos. Los ladridos de los perros van en aumento...¿ También escalan los perros? Se enzarzan en discusiones después de olerse el culo, y pelean entre ellos. Después sus dueños les dan besitos en el morro para que se porten bien, y acto seguido vuelven a los porros. Perros y porros, es la cantinela que se nos queda metida en la cabeza, mientras seguimos cazando chapas... porros y perros, perros y porros, así con ese nombre queremos abrir una vía aquí en Calcena,



                             

60 m. V-V+

Nos la recomiendan unos escaladores locales al termino de la segunda vía. Nos la recomiendan encarecidamente. Dicen que es una vía muy buena. Aceptamos el reto y me subo a descifrar sus movimientos. Es un quinto, pero siendo un grado bajo, hay que darle a la cabeza, pensar los movimientos, y tirar de músculos. Los últimos metros antes de la reunión, se ponen bravos. Para mi que no es V+. Luís llega, y su opinión es igual a la mía. El también le da un 6a+. Ha sido duro .

De aquí para arriba, mi compañero en algún punto resopla. La chimenea que tan poco le gusta, se defiende. Se le pone muy cuesta arriba, desplomada. Al grito de reunión, salgo detrás de el, y soplo y resoplo. Me gusta escalar chimeneas, pero esta es lisa, demasiado lisa para mi gusto. Ir colgando de la cuerda, ayuda en mis movimientos, y palmo a palmo, le gano la partida. Mi cara es un poema al juntarnos. Yo no se graduarla. El dice que de 6b para arriba.




Quizás sea este buen momento para descansar, comer y dejar pasar la canícula. Dejar que el sol calcine aquí en Calcena, la roca desnuda, regada con miles de gotas de sudor. Hasta los perros se han calmado con el calor que abrasa el ambiente. Buscamos la sombra y la cerveza fresca, y mañana, o luego, o más tarde, ya veremos.



VÍA MERCHE     60m. IV - V - 6a+


Nos cuesta encontrar la entrada. No hay cartel en esta, o por lo menos no lo vemos. Nada especial surge del contacto entre la piel y la roca. Será que ayer nos dimos un atracón. Nada nuevo siento en este lagartijear de nuevo. No me deja especial huella, y aunque hay que apretarla, no me fatiga como ayer alguna más suave.




80 m. V+ - V - 6b


Vamos a terminar el finde, de la misma manera que lo empezamos. Escalando. La última vía, ya que los dedos, los brazos, los pies, las piernas, la cabeza, piden tregua. Una más y nos vamos. Esta vez empieza mi compañero, por una especie de chimenea, de esas que tanto le gustan. La anterior y esta, en sus últimos largos, van paralelas, y la verdad, es que disfruto viendo escalar a mi compi, y yo con la cuerda sobre mi cabeza, y apretando, también la disfruto. Un bonito rapel volado, como fin de fiesta, nos deja de nuevo en la amabilidad del suelo. Un bonito fin de semana, con buen tiempo, buena roca, buena compañía, buenas cervezas....¿Qué más se puede pedir?


                                          




ESPOLÓN DEL GÁLLEGO + ESPOLÓN FUERTES. 470m. 6a+/V obl./A0

 






El plan era distinto, el plan era otro, pero siempre los planes están para romperlos, y eso es lo que hicimos...romperlo.
Solamente romperlo, no destrozarlo, por que parte de ese plan, era escalar. No la vía que al final escalamos, era otra, que volvió a la carpeta de los proyectos, a esperar una nueva ocasión.
Peña Rueba. 
Cuanto tiempo costó que intentase subirme por sus enormes piedras. Ni lo se. 
Siempre a Riglos, siempre a Riglos. 
Un día de hace mucho, quebramos esa costumbre, y nos quisimos subir por ese espolón.
Lo conseguimos, a medias. 
El espolón fuertes, no nos daba la confianza necesaria. Quizá por que la roca no la veíamos neta, quizá por el enorme buitre que parecía esperar nuestra llegada. Nos fuimos. Sabíamos que no se movería. "Solamente" hicimos el espolón del Gállego
Dicen que los escaladores, no lloran. Lloré mucho ese día, tenía motivos . 
Los primeros diez largos de cuerda seguidos, vía más larga hasta entonces.
Peña Rueba primera vez.
Viento enloquecido que arrancaba las lágrimas.
Lloré un océano de emoción.

Hoy Jesús me anima a repetir la vía, y a intentarla hasta arriba. Casi nos llegamos a perder, y a no encontrarla. Comenzamos desde el aparcamiento que queda en línea casi debajo de ella. Un ratito de pista y otro de camino, nos guían. En la bifurcación del camino no vemos la flecha indicativa, y nos vamos a Tierra de Dragones, donde se afanan varias cordadas.
Nos cuesta un poco, muy poco dar con la entrada.








El baile vertical, es placentero. La roca sana, el viento quedo, los rayos del sol, no calcinan. El siempre espectáculo del gállego a los pies, se va haciendo cada vez más fino. Llegan los aullidos de los que flotan en sus aguas en barcas de rafting. 
Nos preguntamos, - ¿Quién está mas a gusto? -  
Nos contestamos, - ¿Lo dudas? -
Algún buitre tapa el sol con su sombra un instante, vuelan a cientos sobre nuestras cabezas. 
Tan solo el tintineo de las cintas colgadas del arnés, el chasquido de los mosquetones al cerrarse atrapando la cuerda, y la piel contra la roca, es el sonido que acompaña la escalada.
Largo tras largo, relevándonos en cabeza de cuerda, hablando más con los ojos que con palabras, hacemos la primera parte del espolón. A partir de ahora, es terreno desconocido para los dos.




No nos hemos enterado del largo duro, el que cotan como 6a/6a+. ¿Tan fuertes estamos?
Creemos que no llega a tanto. Decotando vías. 
El resto del espolón, quizá tenga menos chapas donde asegurarte, quizá estén más alejadas, pero cordinos, se ven muchos, como echando una mano por si vas justo. La roca no es tan neta como antes. Hay que escalar con más cuidado, para no quedarte con alguna piedra en la mano, en el momento en el que tiras de ella.
Al mirar atrás, por encima de la mochila, el paisaje se hace grande. Los Mallos de Riglos, vuelven a desafiarnos con toda su belleza, el reino de la verticalidad vuelve a llamar a gritos. Pronto, muy pronto.
De momento centrados. 
Buscando la salida. Ésta queda junto a las nubes.






Desaparecido el vacío bajo los pies, se llegan a ver los aparcamientos bajo los Mallos. De nuevo nos damos la enhorabuena, por haber venido aquí. La catedral de los bolos, el reino del vacío, al parecer está lleno. Imaginamos cordada tras cordada, como tantas otras veces, recorriendo los mismos caminos, y disfrutamos de la soledad.
Un nuevo itinerario de bajada, ha aparecido junto al camino. Un poco reticentes al principio, nos dejamos llevar deslizándonos, y nos va a ahorrar más de una hora y media, de frotarnos contra los romeros, y las escobas.
De nuevo las cosas han salido bien. Me encanta que los planes salgan bien.