CALCENA. PEÑA DE LA MESA. VÍA TORRIJO. ESPOLON NADAL. VÍA DE LOS ESPINOS.VÍA MERCHE. VÍA MAPI. POKER DE VÍAS.

 


Un finde con ganas de escalar, y tras decisiones varias, a Calcena. En la cara oculta del Moncayo. El calor acecha en la península, y por esa cara, va ha hacer algo más de fresco. Luís me ha animado, el calor me deja aplatanado como decíamos hace muchos años, aplatanado es poco, desganado diría más bien.

En mi imaginación deje correr la ilusión de estar solos, o muy poco acompañados. Mi imaginación me quitó la razón, cuando al llegar intentamos hacer un poco de deportiva, por aprovechar la tarde del viernes en el sector del tercer puente. Allí estaban todos escondidos, a la sombra, al acecho de cualquier escalador. No puede ser que todas las vías estén ocupadas. Dos líneas apenas quedan libres, y así, codo con codo con el resto de la gente que tiene las mismas ideas que tu, todavía somos capaces de escalar tres vías de corte deportivo, bien chapadas, desde V a 6a+. Para ir calentando.



80 m. V+-V+-6a+

Una de las más visitadas. Como tenemos tres largos, y el que escala de verdad es Luís, le dejo los impares, y me quedo con los pares. Somos una cordada curtida en muchísimos largos, y nos compenetramos a la perfección. Sin apenas hablar de reunión a reunión. Limpios y ordenados, disfrutamos de una subida amena, con algún pasito que se me quiere atragantar, pero mi cabeza dice que ese grado, que no diga chorradas, que lo pelee, y que salgamos por arriba sin cagarme en los pantalones, y así cazo a cazo, agarre pequeño o grande, solvento mi largo y los otros dos, para llegar a admirar las vistas que desde aquí arriba se nos brindan.



                              


60 m. IV-6a-6a+


En la misma tónica que la vía anterior, pero estamos ávidos de subir, de trepar. El sol no es justiciero todavía, y después de un rápido descenso andando, volvemos al placer de acariciar la roca. En el mismo orden que antes, los pares y los impares. Es al llegar a la segunda reunión cuando el olor que nos llega, no es precisamente a roca. Es mas a hierba, a hierba de la buena, no de la que crece entre las fisuras de la roca. La gente escala a la sombra en la pared de enfrente. Escalada deportiva buscando la dificultad, aunque no todos. Los ladridos de los perros van en aumento...¿ También escalan los perros? Se enzarzan en discusiones después de olerse el culo, y pelean entre ellos. Después sus dueños les dan besitos en el morro para que se porten bien, y acto seguido vuelven a los porros. Perros y porros, es la cantinela que se nos queda metida en la cabeza, mientras seguimos cazando chapas... porros y perros, perros y porros, así con ese nombre queremos abrir una vía aquí en Calcena,



                             

60 m. V-V+

Nos la recomiendan unos escaladores locales al termino de la segunda vía. Nos la recomiendan encarecidamente. Dicen que es una vía muy buena. Aceptamos el reto y me subo a descifrar sus movimientos. Es un quinto, pero siendo un grado bajo, hay que darle a la cabeza, pensar los movimientos, y tirar de músculos. Los últimos metros antes de la reunión, se ponen bravos. Para mi que no es V+. Luís llega, y su opinión es igual a la mía. El también le da un 6a+. Ha sido duro .

De aquí para arriba, mi compañero en algún punto resopla. La chimenea que tan poco le gusta, se defiende. Se le pone muy cuesta arriba, desplomada. Al grito de reunión, salgo detrás de el, y soplo y resoplo. Me gusta escalar chimeneas, pero esta es lisa, demasiado lisa para mi gusto. Ir colgando de la cuerda, ayuda en mis movimientos, y palmo a palmo, le gano la partida. Mi cara es un poema al juntarnos. Yo no se graduarla. El dice que de 6b para arriba.




Quizás sea este buen momento para descansar, comer y dejar pasar la canícula. Dejar que el sol calcine aquí en Calcena, la roca desnuda, regada con miles de gotas de sudor. Hasta los perros se han calmado con el calor que abrasa el ambiente. Buscamos la sombra y la cerveza fresca, y mañana, o luego, o más tarde, ya veremos.



VÍA MERCHE     60m. IV - V - 6a+


Nos cuesta encontrar la entrada. No hay cartel en esta, o por lo menos no lo vemos. Nada especial surge del contacto entre la piel y la roca. Será que ayer nos dimos un atracón. Nada nuevo siento en este lagartijear de nuevo. No me deja especial huella, y aunque hay que apretarla, no me fatiga como ayer alguna más suave.




80 m. V+ - V - 6b


Vamos a terminar el finde, de la misma manera que lo empezamos. Escalando. La última vía, ya que los dedos, los brazos, los pies, las piernas, la cabeza, piden tregua. Una más y nos vamos. Esta vez empieza mi compañero, por una especie de chimenea, de esas que tanto le gustan. La anterior y esta, en sus últimos largos, van paralelas, y la verdad, es que disfruto viendo escalar a mi compi, y yo con la cuerda sobre mi cabeza, y apretando, también la disfruto. Un bonito rapel volado, como fin de fiesta, nos deja de nuevo en la amabilidad del suelo. Un bonito fin de semana, con buen tiempo, buena roca, buena compañía, buenas cervezas....¿Qué más se puede pedir?


                                          




ESPOLÓN DEL GÁLLEGO + ESPOLÓN FUERTES. 470m. 6a+/V obl./A0

 






El plan era distinto, el plan era otro, pero siempre los planes están para romperlos, y eso es lo que hicimos...romperlo.
Solamente romperlo, no destrozarlo, por que parte de ese plan, era escalar. No la vía que al final escalamos, era otra, que volvió a la carpeta de los proyectos, a esperar una nueva ocasión.
Peña Rueba. 
Cuanto tiempo costó que intentase subirme por sus enormes piedras. Ni lo se. 
Siempre a Riglos, siempre a Riglos. 
Un día de hace mucho, quebramos esa costumbre, y nos quisimos subir por ese espolón.
Lo conseguimos, a medias. 
El espolón fuertes, no nos daba la confianza necesaria. Quizá por que la roca no la veíamos neta, quizá por el enorme buitre que parecía esperar nuestra llegada. Nos fuimos. Sabíamos que no se movería. "Solamente" hicimos el espolón del Gállego
Dicen que los escaladores, no lloran. Lloré mucho ese día, tenía motivos . 
Los primeros diez largos de cuerda seguidos, vía más larga hasta entonces.
Peña Rueba primera vez.
Viento enloquecido que arrancaba las lágrimas.
Lloré un océano de emoción.

Hoy Jesús me anima a repetir la vía, y a intentarla hasta arriba. Casi nos llegamos a perder, y a no encontrarla. Comenzamos desde el aparcamiento que queda en línea casi debajo de ella. Un ratito de pista y otro de camino, nos guían. En la bifurcación del camino no vemos la flecha indicativa, y nos vamos a Tierra de Dragones, donde se afanan varias cordadas.
Nos cuesta un poco, muy poco dar con la entrada.








El baile vertical, es placentero. La roca sana, el viento quedo, los rayos del sol, no calcinan. El siempre espectáculo del gállego a los pies, se va haciendo cada vez más fino. Llegan los aullidos de los que flotan en sus aguas en barcas de rafting. 
Nos preguntamos, - ¿Quién está mas a gusto? -  
Nos contestamos, - ¿Lo dudas? -
Algún buitre tapa el sol con su sombra un instante, vuelan a cientos sobre nuestras cabezas. 
Tan solo el tintineo de las cintas colgadas del arnés, el chasquido de los mosquetones al cerrarse atrapando la cuerda, y la piel contra la roca, es el sonido que acompaña la escalada.
Largo tras largo, relevándonos en cabeza de cuerda, hablando más con los ojos que con palabras, hacemos la primera parte del espolón. A partir de ahora, es terreno desconocido para los dos.




No nos hemos enterado del largo duro, el que cotan como 6a/6a+. ¿Tan fuertes estamos?
Creemos que no llega a tanto. Decotando vías. 
El resto del espolón, quizá tenga menos chapas donde asegurarte, quizá estén más alejadas, pero cordinos, se ven muchos, como echando una mano por si vas justo. La roca no es tan neta como antes. Hay que escalar con más cuidado, para no quedarte con alguna piedra en la mano, en el momento en el que tiras de ella.
Al mirar atrás, por encima de la mochila, el paisaje se hace grande. Los Mallos de Riglos, vuelven a desafiarnos con toda su belleza, el reino de la verticalidad vuelve a llamar a gritos. Pronto, muy pronto.
De momento centrados. 
Buscando la salida. Ésta queda junto a las nubes.






Desaparecido el vacío bajo los pies, se llegan a ver los aparcamientos bajo los Mallos. De nuevo nos damos la enhorabuena, por haber venido aquí. La catedral de los bolos, el reino del vacío, al parecer está lleno. Imaginamos cordada tras cordada, como tantas otras veces, recorriendo los mismos caminos, y disfrutamos de la soledad.
Un nuevo itinerario de bajada, ha aparecido junto al camino. Un poco reticentes al principio, nos dejamos llevar deslizándonos, y nos va a ahorrar más de una hora y media, de frotarnos contra los romeros, y las escobas.
De nuevo las cosas han salido bien. Me encanta que los planes salgan bien.















VIA COMICCI 190 m. V. GRAN GALAYO. GALAYOS. SIERRA DE GREDOS

 



La noche ha pasado sin sobresaltos, pacífica, sin osos. Un desayuno tranquilo y recordar que el "runner" sigue entre nosotros. Casi somos una familia.  La parejita que ayer escaló el pequeño Galayo. La cordada del escalador Ruso y el Francés. Sara, la guarda, y nosotros. El muchacho está animado. El frío de ayer ya parece que ha salido de su cuerpo, gracias al exorcismo de sopa caliente. 

Salimos a ver el recorrido de hoy. Todavía no le da el sol. Esperaremos un rato más. 

Sara avisa que el pájaro está viniendo, y que tengamos cuidado por que suele tirar piedras cuando aterriza, que nos pongamos a buena distancia. La cara del "runner", tan muerto ayer, tan revivido hoy, es de angustia. Quiere salir corriendo.

 - ¡Ya no me duele nada, estoy bien, me bajo corriendo, gracias por todo! -

- ¡No bonito tú, no te vas! Espera por que vienen a recogerte.... -

No sabe como escapar. De repente se acojona ya que han mandado un helicóptero para bajarlo. Piensa , y lo dice, que el rescate le va a salir caro, muy caro. En un nuevo intento por salir corriendo, Sara lo vuelve a detener, y le muestra un punto que va acercándose más arriba del horizonte, y se va haciendo grande por momentos.


Con las aspas casi rozando los muros del refu, aterriza. Saltan dos greims, saludan a la guarda, y uno coge bajo el brazo al perro. El pobre animal, creo que tiene más miedo que su dueño. No intenta escapar. Parece un gran peluche. El "runner" apenas levanta la cabeza. Va como oveja al matadero. Los cuatro, perro, greim, "runner" y greim, entran en el aparato, y se van. La operación rescate ha sido un éxito. 
Cuando el sonido desaparece, cuando solamente se oye el canto del viento, volvemos la mirada hacia el Gran Galayo. Buscamos la línea que queremos ascender, y volvemos a esperar que el sol pinte con sombras el recorrido.
El paseo por la nieve, para llegar a pie de vía, humedece las botas.
Una vía de Emilio Comicci, el italiano que firmó un buen montón de primeras escaladas en Dolomitas,  que vino hasta aquí y abrió esta en Galayos nada menos que en 1935. Y ahora vamos los "escaladores" a pasar miedo en una ruta que ellos la hicieron dándose un cuarto de vuelta más a la boina. No deja de ser un baño de humildad, cuando piensas en los "cacharros" de aquella época para asegurarse a la pared. 





Allí vamos, hacia el cielo azul de este precioso día, por diedros y gradas. Tapizados de líquenes y musgos. Intentando no pisar el nevero suelto que queda en alguna repisa. Es más difícil la orientación que la escalada, pero cuando vas ganando patio, esta se vuelve más psicológica. Turnando la cabecera de cuerda, relevando los largos, unos más fáciles otros más embarcadores, pasando por reuniones precarias que no son tales, si no ansia por llegar arriba equivocando el camino. Buscando los tacos de madera empotrados en las fisuras, quien sabe si dejados por sus aperturistas, que aparte de indicarte el camino, te ahorran tener que meter ese friend que nunca encuentras a la primera. Sorteando pasos más espectaculares que difíciles, se va resolviendo el acertijo de llegar arriba. La cordada bien compenetrada no encuentra problemas para llegar arriba. La última dificultad, esta mojada. Está chorreando agua desde la cumbre, pero es escaqueable por la derecha. Incluso el agujero que puede servir de escapatoria, está taponado por la nieve.
El pico de la Mira, ahora casi nos mira a los ojos. Casi estamos a su altura. Hoy vemos la subida, y la bajada en toda su longitud, y nos seguimos preguntando, por donde se pudo perder el "runner".








Todo tiene un principio y un fin. Estos días, se van acabando. Mañana volvemos a la realidad diaria. Y estos últimos minutos aquí arriba, son de los que dejan el alma en paz, y la llenan de energía para continuar con la ajetreada vida hasta la próxima vez que tengamos la suerte de volver a parajes como estos, duros, ásperos, salvajes, y a la vez tan bonitos, y tan espectaculares. No hay prisa por volver a bajar por una especie de camino de destrepes, casi tan espectacular como la subida, para llegar de nuevo a la paz de la nieve de la canal de bajada. Las chovas cantan tranquilas en el resto de agujas . Desde este lugar, se amontonan unas contra otras, difuminando los relieves, pareciendo un caos enorme de roca puntiaguda. En la puerta del refu, se suceden los visitantes. Alguno se atreve con el empinado camino del Pico de la Mira, y los ves padecer y disfrutar en la paposa nieve. Incluso los oyes resoplar.

Nos reímos de mil chorradas e iniciamos el descenso. Lento descenso, pero seguro descenso. En la puerta del refu, volvemos a preguntar a Sara por el "runner". Lo han llevado hasta su coche, y se supone que habrá partido hacia su casa. Pronto lo seguiremos los demás.















PICO DE LA MIRA. 2343m. SIERRA DE GREDOS

 


Buscamos la roca. La buena roca. Buscamos más la sensación que la dureza. Más el disfrute que el grado de dificultad. Buscamos una vía de escalada, y al parecer esta se ajusta a nuestros deseos. Le metemos mano al primer largo. Recio, muy de escalar con la cabeza. Muy de mover el cacharreo, muy de escalar en casi vertical. Esta roca araña la piel, la marca allí donde se agarra, deja huella. El miedo hace sudar, casi nubla la vista. Gruesos gotones resbalan de la frente y mojan la roca seca y fría. Los músculos tensos de ayer, rezuman lactato hoy, y casi agarrotado llego a la primera reunión. Agotado. Asier y Txema llegan después, con una cuerda amiga que les protege en caso de caída. No hay miedo en sus ojos. En los de uno, hay pavor. En los del otro, temor. Uno sabe que no estará a la altura, el otro, sabe que no podrá. Reunión de majaras al sol. Decisión acertada. El suelo es más seguro que navegar por este mar de dudas e incertidumbres.


                             




Faltan horas hasta que la luna surja de nuevo entre las afiladas torres del galayar. Muchas horas de sol que queremos aprovechar. 

La Mira. El pico de La Mira. Lo más alto de estos andurriales. Aparcamos los friends, y los arneses, y con una botella de agua y los bastones, iniciamos una nueva actividad. Subir andando, navegando entre la paposa nieve hasta la cima del pico. Patinazos, hundimientos, la nieve no nos da un momento de tregua en la hora que nos cuesta la ascensión. Subida sin peligros, incómoda, y a la que le ganamos metros, a fuerza de sudor. Calienta con ganas en este lado de la montaña donde apenas corre el viento. Corre en el collado, y buscamos con la mirada, pero la autopista de huellas, nos lleva casi volando hacia arriba. Asier baja cuando seguimos subiendo. Está fuerte, está joven, está lleno de energía, y la escalada no lo ha gastado nada. Acompaña nuestros últimos pasos, y tenemos la foto de cima los tres juntos. Jugamos a adivinar los picos circundantes, y nos podemos inventar todos, ya que no conocemos ninguno.


Se disfruta del sol, de las vistas, del aire, del viento, de la compañía. De la estancia en este balcón privilegiado. Se podría decir que se ve la mitad de la península, desde estos dos mil trescientos cuarenta y tres metros de altura sobre el nivel del mar. Un mar de tierra a lo lejos salpicado por algún pantano. Se está a gusto, y lo disfrutamos. Quedan horas hasta que la luna surja de nuevo entre las afiladas torres del galayar, que ahora miramos por encima.

Cuando decidimos bajar, aprovechamos la pendiente, la nieve paposa, la nieve dura debajo de esta, y casi sin andar, deslizamos las botas hacia abajo. Esquiando sin esquís. Apenas veinte minutos nos lleva el descenso. Secamos las botas y los pantalones mientras nos abrigamos ya que el viento de la tarde, en la puerta del refugio, ha comenzado a moverse.


El día casi a acabado a la perfección. Ha sido un día aprovechado. No se ha echo larga la mañana ni la tarde. Gente ha pasado por aquí. Gente se ha quedado. Gente ha ido y se ha vuelto. Gente ha subido a beberse una cerveza. Gente solo ha paseado. Gente solo a subido y bajado.

Pasada la media tarde, ha llegado un "runner". Tan solo con zapatillas, pantaloneta corta, camiseta fina,  chaleco minimalista y perro. Ha remoloneado un rato en la puerta del refu, ha consultado el reloj cien veces, ha preguntado por la ascensión al pico de La Mira, ha deambulado otro rato, y cuando ha decidido que le daba tiempo, se ha marchado nieve hacia arriba. Lo vemos partir, a buen ritmo. Hundiéndose, patinando. Lo mismo que los otros, lo mismo que nosotros, más rápido y más ligero de ropa. Hasta que nos hemos olvidado de el. 

Hace frío en la puerta. La vista desde la terraza se va volviendo fría. Las agujas del galayar, van tomando una fría tonalidad. Al día no le queda mucho para expirar. Nos olvidamos del "runner". Habrá bajado por otro sitio. Se habrá ido por otro lado sin despedirse. La poca gente que quedaba por aquí, hace rato que se han ido para abajo. De nuevo solos, los habitantes de la pequeña casa anclada junto a las agujas de granito.

Lo vemos, baja deslizando por la nieve. No patina, literalmente se deja caer. Desde arriba. Toda la cuesta. Arrastrándose en la fría nieve paposa, que se queda pegada a su cuerpo casi desnudo, a su poca ropa empapada ya hace un rato. Apenas puede andar cuando llega a la terraza. Sara la guarda del refu, le da una toalla para que se seque, pero la hipotermia es tan grande, que apenas puede pensar. Todo su cuerpo está cubierto de nieve, que apenas se funde al contacto con su piel. Intenta llamar a su madre. Ya se ha despedido de ella hace un rato. No sabe si va a salir de esta. Está completamente congelado, desde sus pies hasta su cerebro. Tarda mucho en reaccionar a palabras tales como, - ¡Sécate..! ¡Abrígate ...! -

Se inicia el protocolo de rescate. Sara habla con el Greim. Activan el rescate. Pero ya para mañana. Es de noche y el helicóptero no vuela. Un caldo caliente y ropa seca, ayudan a que le cambie el color. Deja de tiritar. El perro, anima la estancia con sus confianzas cariñosas. Nadie habla. Solo lo miramos, y creo que pensamos lo mismo.

Dice que se ha perdido en la bajada. Que se ha equivocado en el collado. Que le han petado los cuádriceps y los gemelos. Vuelve a ser persona después de ser un témpano de hielo andante. Una cena caliente nos viene bien a todos. Hasta el perro cena. Es poca la conversación. Todos estamos en nuestros pensamientos. Alguna sonrisa se le escapa de la cara. Casi se le escapa algo más grande.

- ¡Dormiré abrazado al perro...!

- ¡No seas Rambo! Aquí tienes un saco. Es viejo pero te servirá. -

En el anecdotario de cada uno de nosotros, queda la anécdota, que terminará mañana. La sensación es para todos la misma. Habría que haberle dado con la open hand.






































SUR DE LA APRETURA. 120m. IV+/ V+(un paso) PEQUEÑO GALAYO. GALAYOS. SIERRA DE GREDOS

 


Esta semanasanta, queremos tener un particular "viacrucis", lejos de los fastos eventos que se prodigan. La procesión va por dentro cuando arrancamos desde el aparcamiento de "la cabra", un poco más arriba del pueblo de Guisando a los pies de la sierra de Gredos. El galayar nos espera, y con la impedimenta de mas de veinte kilos a las espaldas parecemos nazarenos en penitencia, intentando ganar los ochocientos metros de desnivel que tenemos por delante hasta el refugio Víctory.

La estrategia logística nos invita a dormir a cubierto, a que nos cocinen, siempre por un precio, y ese precio es no tener que subir ni tiendas ni hornillos ni comidas. Dormir en el suelo sobre la esterilla, no cuesta nada por poder escalar en un lugar fantástico, alejado de la escalada de moda, en una roca inmejorable donde los seguros fijos no existen. Deberás colocarlos donde creas conveniente, o donde puedas, ya que la roca no te permite hacer lo que quieres. Tu eres el extraño en este paraíso, y el compromiso adquirido es enorme.




El frío nocturno deja paso al frío amanecer, y es a media mañana cuando decidimos comenzar. El sol todavía tardará un rato en llegar a la fría roca. Todo es frío, áspero, en este lugar, y me siento privilegiado de poder ascender esta hoguera de piedra. El paso por la nieve hasta la roca empapa las botas y los pantalones, y estos pesan al comenzar el baile vertical. La roca firme y el grado bajo, ayudan considerablemente. No perdemos de vista el patio que va creciendo a nuestros pies, pero la delicia de romper la piel contra este granito sólido, es un placer que no consigo explicar.





La reseña que intenta comunicar el camino, es ignorada. Las cuerdas se hacen pequeñas con el ansia de subir, y los largos se hacen pequeños cuando nos damos cuenta, de que ya no hay más altura. La roca termina y comienza el cielo. Se ha pasado demasiado deprisa. A sido demasiado corto. Como el día. 
El descenso andando se hace imposible. Los destrepes tan fáciles en seco, son trampas mortales cuando la nieve se resiste a irse. Hay que improvisar un descenso a través de las cuerdas que nos lleve de nuevo al suelo. No existe esa línea. Hay que inventar. Abandonando material, ensayamos una retirada que sale bien, no podía ser de otra forma, no hay errores, la cordada está bien formada, bien compenetrada. El suelo nos acoge frío. La cantidad de nieve nos abraza y nos reboza al mínimo resbalón. Mis botas quedaron abajo. Junto a "la cabra". Ahora corro hacia abajo a buscarlas, mientras mis compañeros recogen las cuerdas. En mi alocada carrera, cruzo mis pasos con mucha gente. A mucha de esa gente, volveré a pasar en la nueva subida, en mi particular procesión de nuevo hasta la que será vivienda por unos días.
































LOS III TAMBIÉN EXISTEN. 250 m. V. PEÑA RUEBA



 Después de la noche oscura, el viento ha traído de nuevo la luz. Aunque parece que la quiere arrancar, y volvérsela a llevar. Tal es el ímpetu.

También trae gente, bastante, y después de perderse y encontrarse, llegan mis amigos.

El flequillo baila desatado a su ritmo. No es un buen día de escalada. Hoy toca chapón de aula.

Llegan con ansia, con hambre y se van a ir satisfechos. Cuerdas, nudos, aparatos, números, letras, formas, técnicas, argot, gestos...y un poco de acción, para que se vayan a dormir sin estallarles la cabeza. Aprender sin peligro...Una valla, es la mejor pizarra para dibujar con las cuerdas.

Mañana será el día.



Tienen pinta de haber dado muchas vueltas esta noche. Girando como trompos sin salir del saco, queriendo asimilar todo lo de ayer.                                                                                                        Llega el momento definitivo.                                                                                                                Encordarse y comenzar este baile vertical mucho más grande de lo que habían imaginado. Se atraganta de primeras, y va siendo tragado conforme pasan los pasos. Primeras reuniones y todo es un pastel todavía por formar. 



Son capaces de revolver todo, de olvidar lo inolvidable, y aplicar lo que no hay. Aún y todo, se dejan llevar y refrescan con las manos, lo que ayer aprendieron con los ojos,

El largo más "duro", se les resuelve. Interesa más que la dureza, la destreza, y ello va surgiendo. El miedo que salía de sus ojos, va dando paso a miradas de sonrisas. Con el cansancio en el cuerpo ganan mucha altura, y no es nada esta, la que ganan con los pies, comparada con la altura que lleva su alegría. Vieron antes vistas completas desde muchas veces arriba, y nunca imaginaron ver vistas parecidas con el vacío en frente.




La mirada de miedo, da paso a la mirada de la felicidad. De no creer en lo que eran capaces de hacer, sin más ayuda que un empujón, a hacer lo que no creían. La experiencia empapa los huesos molidos por el esfuerzo, y nuevas alas empiezan a surgir. Nuevos planes, nuevos retos, rondan la cabeza. Hará falta un poco de sensatez, pero el mal ya está hecho. El nuevo veneno corre por el interior del cuerpo. Desde que comienzan el descenso del vertiginoso muro al que se han subido, comienzan a llenar el cajón de los proyectos. Un nuevo horizonte se ha abierto y desean llenarlo. Como siempre, como todas las veces, todos los nuevos proyectos se sellan con una jarra bien fría. 






Ojala que todo lo aprendido, no se quede en un rincón de la memoria. Ojala que la destreza vuelva a surgir en sus manos y pies. ojala que la cabeza vea nuevos destinos. Ojala sean capaces de hacer lo que acaban de ver. Suerte amigos, mucha suerte, hay un mundo lleno de retos.