Rush Peak. 5098 m. Gilgit Baltistán. Karakorum. Pakistán
Fisura Urraca. 105 m. 6b. Aniés.
La pista desde el pueblo es fácil de seguir. Subes con el coche hasta un pequeño aparcamiento debajo de la ermita de la virgen de la peña. Lo que nos costó un rato de va y ven, de sube y baja, de por aquí fijo que no es, y este tiene buena pinta, es llegar a la base de la pared, que la tienes delante todo el rato pero que la jabalinada está garantizada. Arañados y casi sudorosos por fin llegamos y hacemos un primer largo de III en free, como dicen los colegas. Un poco más incómodos ya que el suelo no es plano y consistente, dejo que Asier se vaya de primero. Todo por que de una reseña a otra, se me han puesto de corbata. V+, es lo máximo que le dan en una, y 6b es lo que le dan en la otra. Pues tenía razón la segunda, por lo menos para mi, ya que tuve que echar mano de casi todos mis argumentos para salir de algunos de los pasos.
La línea es muy evidente. Fisurón achimeneado al principio y fisura más cerrada después. Es en este primer fisurón donde me van llevando los pasos, hasta meter la cabeza en la casi cueva, y quedarme prácticamente empotrado con la cabeza.
Asier sigue adelante en esta oleada vertical de dificultad. Sube de grado y baja a cada metro. La roca no es todo lo buena que nos gustaría pero se deja agarrar. Voy tanteando cada agarre, y me digo:- Si ya se ha agarrado el antes y no se ha caído?
El escala, yo gorileo.
Llegado al paso mas duro de la vía, un bloque muy empotrado en la fisura, Asier lo salva por la izquierda, y aún tiene que pelearse con el, ya que es muy físico, y desploma bastante. Los agarres son netos, pero no lo regalan. Cuando yo llego, no voy por la izquierda, lo ataco directamente, de frente. No tengo brazos para subirme, y gracias a un fisurero que me ha dejado puesto, puedo acerar tranquilamente. Es un paso muy físico, y como todavía estoy de buen ver, colgándome para coger aire, por fin lo dejo abajo. Me ha costado bastante esfuerzo, y como aquí se acaban las dificultades, me siento contento en esta cimilla, junto a mi hermano de cuerda.
Comentamos las jugadas, y satisfechos nos vamos a buscar la paz del suelo no sin antes darnos una vuelta por la ermita, ya que se oye jaleo, y es que están de romería.
Vino, Jamón, Jotas, mucha peña, alegría y alboroto.
Superintegral de Mampodre. Maraña. León.
Directa Yeray 225 m. V+. Peña Rabanal. Rabanal de Luna. Luna. León
De la bonita zona de la Babia nos vamos al lado, a zona de Luna, también en la bonita montaña leonesa.
Queremos escalar una vía homenaje, en la que tan solo hay 10 seguros fijos, aparte de las reuniones que solo tienen uno y hay que reforzar. Cuentas y sale uno cada veinticinco metros. Así de entrada acojona un pelín. Por supuesto vamos armados de los seguros flotantes, friends y fisus, y aparte de una buena motivación, unas ganas terribles de escalar en pared, "metiendo" o cacharreando. Alivia saber, que cuando llegues al paso duro, este estará protegido por un bolt. ¡Así ya acojona menos!
La escalada, aunque sea de grado bajo, tiene largos limpios de seguros, por lo que habrá que calcular bien la progresión y la colocación de friends, para que no te quedes sin nada mucho antes de llegar a la reunión, o que en caso de caída tengas los seguros muy lejos, con el consiguiente vuelo, etc, etc ...
Otra cosa que le da carácter a la escalada es que la mayoría se desarrolla por placas en adherencia. ¡Divertido! Arranco yo en el primer largo que lo cotan de V+, y o estoy muy fuerte y motivado, o es que no es el grado, pero paso sin darme cuenta disfrutando de otra vía en León. Como me gusta escalar en León. ¡Y en todos los sitios!
Asier llega en un ti ta, y la otra cordada, Luís y Ramón, le siguen casi "oliéndole" los pies. Así en las reuniones, siempre estamos acompañados de los amigos. El sol calienta nuestras espaldas, pero no quema. Es agradable cuando ha podido con el frío de la noche.
Las cuerdas pesan. Son largos largos, de cuarenta y cincuenta metros, y arrastrarlas por la pared, tienen su puntillo. Aunque la escalada no es difícil en ningún momento, al contrario, es muy disfrutona, y al echar la vista atrás, el paisaje que va creciendo, alegra. Para mi el largo más bonito de todos, es el último, el del pilar de salida en el que casi vas a caballo teniendo aire a los lados y oliendo el perfume del final de vía. Hay vías más comprometidas por aquí al lado, pero para los que somos paquetes, es una muy bonita forma de echar la mañana, y seguir ruta para seguir entrenando, que para eso estamos por aquí.
Peña Ubiña. 2414 m. Espolón oeste.
Peña Ubiña. La había oído nombrar, y no tenía ni idea de donde estaba. Como solamente es un "dosmilcuatrocientos", prácticamente pasó desapercibida el día que recibí algo de información. No me llamaba la atención, hasta que ya la propuesta fue formal. Como vamos a entrenar por la zona de León para lo que vendrá, subiremos Peña Ubiña por el espolón oeste.
Para eso hay que estar en Babia.
En el precioso valle de la Babia.
Pasada la noche como se puede, cada uno se busca la vida para no amanecer mojado con el rocío sobre el suelo, y habiendo desayunado opíparamente, enfilamos las botas hacia la enorme mole de roca que tenemos delante. Vamos con botas, por que no sabemos que nos vamos a encontrar en el recorrido. Si que desde abajo, ayer, vimos bastantes manchas de nieve. No es nieve continua, pero es fácil que nos la encontremos.
Del barrio de abajo de Torrebarrio, sale una pista que en un rato nos deja casi al pie del espolón, que como un nervio sube por toda la cara oeste. Vamos cuatro así que haremos dos cordadas. Unos tramos de trepada fáciles nos empiezan a llevar hacia arriba como un resorte, hasta que llegamos al primer resalte del camino. Una trepada de IV protegida con un clavo muy alto. Un poco más a la izquierda nuestros compañeros se pelean con un V. El IV se protege a placer, no es difícil y los cantos son muy netos. Impone una travesía a izquierdas desde el clavo, pero para cuando te quieres dar cuenta estas en una reunión, de un clavo, y puedes proteger a tu hermano de cuerda. Sin duda alguna lo más peligroso a partir de este punto, es distanciarse de la otra cordada, y apedrearlos sin querer, ya que la canal está alfombrada de alguna hierba, y de muchas piedras. Es imposible perderse. Este pasillo nos va a llevar hasta muy arriba. Un nuevo paso de III+ o algo así, en una pequeña chimenea, y solamente queda disfrutar del paseo ascendente, hasta llegar a otro muro donde la dificultad se pone en IV. Tiramos el taco de friends contra la pared, y se van colocando solos en el orden que les de la gana, pero a cañón.
Un poco después, ya nos atrapa el sol. Ya salimos a terreno más abierto donde solamente hay que dejarse guiar por las formas del terreno. Unos ratos a toda cresta y otros escaqueando algún gendarme. No es difícil, no tiene peligros objetivos, sin olvidar en ningún momento que estamos recorriendo una cresta de montaña. La roca tiene un tacto especial, absorbe casi las suelas de las botas, de la adherencia que consiguen ambos elementos. Y después de unos mil doscientos metros de desnivel, llegamos al vértice geodésico que marca la cima. Algunos de los que ya están cuando llegamos nos piden hacerse la foto de cima con la cuerda. (Risas)
El descenso lo hacemos por la normal de subida, y así de esta manera cerramos un círculo en Peña Ubiña. Un paisaje de cuento, en un lugar de la Babia. Muy recomendable.
Los kilos te sientan tan bien 75m. V+ y Carla 135 m. V +. Mallo Colorado. Riglos
Es uno de los mallos pequeños pero le hace sombra a alguno de los grandes. No es enorme, pero es divertido y como la temporada del frío está tocando a su fin, preferimos andar con poco equipaje y disfrutar del sol, ahora que todavía no pica.
Cuerdas arnés gatos casco ilusión y ganas. Esas últimas nunca faltan.
Buscamos unas chapas negras que nos indicarán el inicio de la vía, y resulta que una si y otra no, tienen chapas negras. Por la situación en la pared, creemos que estamos en el sitio adecuado, en el momento preciso y nos queremos subir por ahí.
Como es principio de temporada de roca no nos atrevemos de momento a intentar vías más duras. Para calentar, está bien. Mis compañeros se van a bautizar hoy en la escalada riglera, aunque no sea en los grandes.
Esa roca ya conocida, se me antoja sencilla, a pesar del tiempo sin rozarla. Me siento a gusto viendo a los buitres comenzar sus planeos sobre nuestras cabezas. El día es precioso. No hay nubes, el cielo azul transparente, sin viento por ahora...
Desde la primera reunión aseguro a mis compis, las dificultades han quedado más abajo. Quizás a uno se le atragante más que al otro, ese paso, pero ayuda y mucho llevar la cuerda tensa por encima de la cabeza. Unos pasos más sencillos nos siguen llevando a lo alto, y de repente, sin darnos apenas cuenta, no se puede seguir más arriba. El descenso fácil, nos lleva a la paz del suelo, y a las cervezas. Se nos ha echo corto, nos hemos quedado con hambre de más, así que volveremos mañana.
El nuevo día amanece parecido. Sopla una brisa, que en algunos momentos te deja frío, pero no indiferente. Volvemos al salón de juegos de ayer, después de mucho cavilar otras rutas asequibles. Hoy nos metemos en la que ayer creímos que era la que quisimos hacer, así que entrenamos en otra vía sin darnos cuenta, y ahora si vamos ha hacer la que nos motivó en su momento.
Vuelta a acariciar las piedras pegadas a ese barro milenario. Vuelta a temer quedarnos con las piedras en la mano, y vuelta a disfrutar del tacto áspero de esas piedras. Volver a bailar con ellas para ir dejándolas abajo, en una sucesión de gestos y acrobacias sencillas, hasta casi la misma altura de ayer, en la primera reunión.
El paso se atraganta y tensa los nervios, una, dos, tres, cuatro...- ¡Bájame!...El cuerpo, y sobre todo la cabeza, no está para mantener tanto tiempo suspendido el estrés, y prefiere dejar paso al siguiente y no demorar la escalada. Tenemos todo el tiempo del mundo pero....
Ahora somos cordada de dos, y una cordada compenetrada, avanza rápido por la pared. Paramos en una gran plataforma a disfrutar de las vistas, del paisaje, del sol, del viento, de los buitres, de nosotros.
Pero alguien se ha quedado abajo...Hay que calmarle la angustia del tiempo que pasa sin compañía, y nos vamos rapelando.
Un par de vías iniciáticas en este reino de los Mallos que saben a poco pero dejan buen sabor de boca. Volveremos.
Cascada Las Bordas. 180 m. II/4+ Ordicieto


















































