PICO LECHERINES O GARGANTA DE BORAU. 2344 m.

 


Desde la cleta.                                                                                                                                          Desde que recuerdo, siempre ha estado allí. Punto de partida de este lado.                                              Aspe, Murciélagos, Lecherines, Subterránea...                                                                                      Cerradla cuando paséis que se escapa el ganado.                                                                                         La vista desde aquí alimenta el deseo, y también marca los tiempos. La nieve queda muy lejos, el porteo de los esquís invita a la pereza y a llevar menos carga. Siempre hay un valiente.                        Las mochilas de nuevo están llenas de ilusión, aunque sea una cima sin renombre, sin medalla. El valor de esta cima, es la compañía. Hace mucho que no se disfruta de todos los que están. Podía haber más, pero sin embargo el aliento que se crea es común. Es sano. Es de amigos.                                                                                                                                        



La ruta esta marcada antes de salir. Ha sido el alimento de ese deseo de confraternizar, de sudar y jadear, de pisar nieve, con botas y tablas. Sarrios, a cientos, desvían las miradas de lo alto, viendo la vertiginosa carrera, huyendo. ¿De las miradas?  Grandes y pequeños saltando posesos de ganas de vivir, de correr, de comerse la primavera tierna, jugosa, apareciendo bajo la nieve.   




                                                                                                     

 A la sombra de los mallos la nieve es mármol. Muy dura incluso con las temperaturas diurnas. Las rampas son menos si dibujas zetas, y siempre habrá parásitos de las huellas. Quizás sea la única manera que tengan de ganar la cima. El perdón es pedido por adelantado. Las huellas se fabrican a partir de los pasos. Es el alimento del deseo por llegar a lo alto, que no a lo más alto. 


                          



  El paisaje dibuja formas entre el blanco y el azul, un tanto dolomíticas. La imaginación escapa hacia las formas rocosas e inventa tres cimas. Inventa líneas para recorrer. La vista las sigue y las eleva. El pensamiento consigue salir por arriba, y todavía falta para llegar a inundar las retinas de paisaje. En el collado se alimenta el cuerpo, y pone a prueba las ganas. Todos juntos mejor, en una fila larga que se alarga a cada paso, a cada motivación, a cada nervio templado. La cima está aquí, no, espera, está más arriba, no importa donde está la cima, quizás no sea el día o las fuerzas, o la técnica, o la culpa la tiene la nieve, o la confianza, o las suelas.      


                             

Tras la delgada línea que separa los dos abismos, esta la recompensa. Si, es la recompensa, el paisaje enorme. El momento de chocar los puños, tan de moda, de abrazos y sonrisas, de enhorabuenas y palmadas en la espalda. No olvidéis, sin foto no hay cima... y una vez vista la foto, a quien le importa. La bajada templando los nervios, la cuesta costó a la subida, bajarla no es para jugar. De nuevo se ponen en marcha todos los mecanismos al revés. El reloj lleva mucho tiempo corriendo a favor de la vida, no hay que descuidarlo ahora. No es momento, ni lugar, Y el recuerdo aparece, lo que pudo haber sido, y no fue, por suerte.  El terreno se vuelve más amable, sin descuidarlo, y el valiente del porteo se lanza en loco deslizamiento, gozando de la dureza y la blandura del manto. El resto se queda mirando, hasta que se pierde ladera abajo. Quedan muchos pasos por dar, incluso es más fácil ya. La vista atrás de vez en cuando, como para fijar distancias, como referencia a lo que falta y a lo que se ha hecho, hasta volver a la cleta. Principio y fin. ¿Fin? Quedan las recompensas a esta labor. Frías, bien frías, que los líquidos se reponen mejor. Con la garganta fresca, las sonrisas que no se habían perdido afloran de nuevo. Vuelve a ser primavera.













PICO CUYALARET 2250 m.

 



Llega la primavera. 

Dicen que es la mejor nieve para esquiar.

Quienes solamente aspiramos a no caernos mientras nos deslizamos, intentamos el ascenso a este pequeño pico, muy accesible desde el otro lado de la línea que separa el pirineo norte del pirineo sur.

Montamos el circo con los que saben, con los que pasan de patinar y siguen fieles a "lo de siempre", a caminar, y los que vamos de divinos, los paquetes.

Las cuestas arriba, siempre se ponen cuesta arriba y este penar, es agradable. Las tablas, fijadas a las botas, hacen que los pasos no se pierdan en la profundidad de la nieve. Nieve que más parece puré de patatas, ya que entre la consistencia y los polvos saharianos, le han dado un color como de mantequilla con pimentón.



Inmensa rebanada de nieve que nos comemos. Inmensa la huella que queda tras los pasos, raqueteros y deslizantes. Inmenso el paisaje detrás del horizonte. Quizás estamos en Venus, viendo el resto de planetas a nuestro alrededor. En la montaña de Mecahuenchunga, de más de diez mil metros para agitar la respiración, con los imanes en las botas de mas de veintisiete kilos, haciendo pleno contacto con la escasa gravedad venusiana, y el ritmo agitado. Todo lo agitado que se puede esperar de un ritmo      interestelar....

No es mal de altura. Son las chorradas que la falta de aliento, y el cachondeo invitan a soñar. Entre paso y paso, en el circo han aparecido los payasos, el tonto bueno, y el listo tonto. La nariz colorada es por el frío, los zapatones enormes y las ganas de dar espectáculo, llegan ahora. Bajar. El que sabe, baja. Quien anda, baja, y los paquetes comienzan un rosario de caídas, que la banda del circo ameniza desde el palco. Una tras otra, vueltas y revueltas. Frenadas a destiempo y giros sin final. Una y otra vez rebozados en nieve. Metro a metro caída tras caída, giro tras giro, los payasos acaban el descenso. Los que saben, han echado la mañana de risas, los que andan, también llegaron abajo. Los paquetes sin romperse nada, también les acompañan. Aprender a base de tortas, quizás no sea lo mejor, pero si es lo más divertido.


















L'EAU L´EAU. 300m III/4 IZAS. CANFRANC

 


Se durmió el agua en su incesante caída hacia el valle. De ese sueño nos aprovechamos muchos fanáticos del agua congelada. 

Recuerdo hace muchos años, cuando intentaba darle una vuelta más de tuerca al alpinista que dormía dentro de mi mente, que junto a dos buenos amigos, intentamos subirnos por aquel planchón de hielo  que mirábamos atemorizados desde abajo. No superamos el primer largo de cuerda. No pasamos de la primera reunión. Mucho rato estuvimos jugando sin ni tan siquiera llegar hasta ella. Probablemente, aquellas vueltas de tuerca a la dificultad, sirvieron para poder intentar llegar hoy hasta su nacimiento.

Hay cordadas por delante. Casi siempre hay cordadas por delante. Lo sabemos y no vamos a madrugar. Recuerdo entonces, hace muchos años, que bajando casi de noche después de una larga jornada de jugar en el hielo, subían cordadas a vivaquear al pie de la cascada. Hasta seis cordadas contamos en lo que nos costó llegar al coche. Todas preguntaban si eran los primeros...

Dejamos que la cordada anterior suba, y se aleje del suelo. Una cascada de hielo, por muy cuidadoso que sea el que va delante, es un tobogán donde todo lo que se cae, va a parar a tu casco, a tus hombros, o a tu cara en el peor de los casos.

Dejamos que se alejen, y cuando ya desde el pie de vía no se les ve, ni se les oye, ni aparentemente cae nada, entonces es cuando decidimos vestirnos para la danza vertical que viene a continuación.



Txema es un clásico. Botas verdes de esquí, para alcanzar la rigidez necesaria. Crampones monopunta, piolets tuneados...materiales que harían las delicias de cualquier museo de la montaña y el alpinismo, son con los que se va a pelear el primer largo. Una sucesión de gradas, entre los sesenta y los ochenta grados de inclinación, que se va a ir negociando sin prisa y sin pausa. Con la calma, y los nervios a flor de piel, pero sin dar la sensación recorre los primeros metros.

La segunda tirada, me toca. Un goulotte estrecha sin apenas hielo, difícil de proteger, donde vas pensando si subo un metro, caeré dos mas, con el cuerpo casi encajado y apoyando prácticamente un pie, el derecho, ya que el izquierdo sale a la roca y esta está pulida. Para esto dimos tantas vueltas de tuerca, para estas ocasiones, y hablando conmigo y silbando por espantar los miedos, gano metros hasta la reunión.






Asier clava los piolets, sonríe y sigue remontando. Es la tercera tirada. Una plancha de hielo compacto que le lleva a una reunión incómoda, casi colgada donde nos recoge. Aprovechando que me he puesto en el sitio correcto para salir el primero de la reunión, subo el mejor largo, para mi, de toda la cascada.

Sesenta metros de placer en hielo sorbete, estalladizo, coliflores, hielo cristal, aguado...en fin, casi todas las calidades del hielo solo para mi, con un patio considerable. Un largo muy disfrutón me dice Txema. Vaya largo más chulo, comenta Asier.


Una pequeña chimenea y salimos a una campa para afrontar el último largo. Una pared de unos ochenta metros, con un planchón de hielo enorme.

Txema se va mientras esperamos a que complete su recorrido. En el pequeño transcurso de tiempo, la cascada cobra vida, despierta. Habíamos visco correr agua por debajo del hielo en algún punto. De repente, es por toda la superficie que nos alcanza la vista. El agua a despertado y corre por todos los lados. Empapa las cuerdas, empapa nuestras ropas, empapa los guantes, gritamos como descosidos para que termine cuanto antes. Literalmente nos bañamos en agua fría. Muy fría.

Alcanzamos a la cordada que va por delante. Ya ni contamos las veces que hemos parado los cascotes de hielo con el casco.

 Cascotes... casco....


                     


Uno grande como una zapatilla, ha fijado su dirección en la mano de Txema, a la que golpea sin miramientos, y de rebote, impacta contra mi nariz y se pierde cascada abajo. El dolor es muy intenso, pero realmente me preocupo cuando comienzo a teñir de rojo el suelo helado de la reunión. Una mano inflamada, y una nariz hinchada y sangrante, dejan todas las opciones a Asier de salir por arriba. Tiene que montar reunión un poco por encima de la mitad, con tres tornillos, colgarnos los tres de ellos, y volver a salir hacia arriba. Dos largos seguidos, con el consiguiente jaleo de cuerdas, que entre gota y gota de sangre, y a medias con una mano dolorida, solventamos. Solamente me quedan ganas de salir de allí. Escalo como poseído, y si respiro por la nariz, salen burbujas rojas. Llego a la reunión, y sigo en lo que debería ser el último largo, que veo fácil y decido salir en libre, sin seguros, con la cuerda floja. Ya termina la cascada, la sangre ha parado, y mis compañeros están a punto de llegar a mi altura. Les aseguro desde un frondoso pino, y solamente queda la vuelta hasta el coche.


                                    



                                       



                                                                



                                                                   















MARIA JOSE ALLER. 550 m. D+ SIERRA DE LA PARTACÚA

 



En febrero del 2014 lo hizo por primera vez. Entonces fue un reto. Con su amigo Aitor. No se les atragantó, pero fue la época en la que estaban en pleno crecimiento.

Ya ha llovido y nevado hasta ahora. Pero sigue teniendo el mismo encanto que entonces. No gusta mucho repetir actividades, pero cada vez es completamente distinta.

Esta vez se juntan seis. Harán tres cordadas. En un momento un poco crucial, piensan que es mejor hacer dos. La B y la C. De tres personas.

Quizás el equipamiento y la técnica no es el mejor para dejar sola a una cordada. Aunque vaya arropada por las otras dos. Separan los eslabones de la cadena, y en cada cadena, meten un eslabón de los débiles, y así una cordada desaparece, la que era más frágil, y aunque "fragilizan" las otras dos, siempre se enriquecen .

El plan a, es el corredor Maribel, que arranca hacia la derecha. Cuentan hasta cinco cordadas por delante. María José Aller, hacia la izquierda, solamente tiene una , así que se deciden.

Tres por delante, y tres por detrás. Con el ánimo impaciente.

Los primeros metros, los larguísimos primeros metros, les han costado un montón de vueltas de las agujas del reloj. Está muy tieso, y es muy largo. Casi tres horas desde que salen del coche.




Llegados al primer resalte, ya encordados, el primero de la primera cordada, la B, avanza decidido. Es una pequeña rampa de hielo, tapizado de nieve muy dura. Pasa y unos metros más arriba, monta una reunión. Recoge a sus compañeros, y por fin, es el siguiente turno, el de la C. Uno de la C, prefiere el hielo a la roca, e intentando esquivar el último largo prefiere comenzar. Resalte, campa, y suben hasta la cascada de  hielo. Al llegar, otra cordada de tres, la A, intenta montar un rapel. La cascada no les ha permitido el paso, y se van por donde han venido. Casi han terminado los de la primera cordada, la B, de subirse por la cascada, cuando llega la segunda, la C. Esperan pacientes a que se vayan un poco más arriba, y el primero de nuevo ataca el hielo. Monta reunión, y recoge cuerdas.



El segundo de la C, se encarama, y casi al llegar arriba, un crampón se le parte, y cae.

Una pequeña comba y el chicleo, hacen que toque con los pies, el pie de la cascada. 

Comienza la tragedia. 

No puede escalar con un crampón. La segunda cordada, la C, no puede continuar. El tercero de la C, remonta la cascada, y avisa al primero, y entre los dos montan el primer rapel de bajada. La otra cordada, la B es informada y deciden salir por arriba.

El segundo, de la C, el caído, se ha quedado asegurado a la reunión anterior, y espera paciente. Baja el tercero y se reúne con el, a la espera de que lo haga también el primero.




El mundo se a dado vuelta. Ahora la salida está por abajo.

 La anterior cordada de tres, la A, todavía tiene a dos miembros en la cabecera del rapel. La cordada B monta un rapel, pero solamente puede llegar hasta donde la anterior está aún bajando. Paciencia. El segundo comienza a quejarse de un pie. Es más que probable, que en su vertiginoso descenso, haya tenido un mal apoyo. Desaparece la anterior cuerda , la de la A, y pueden continuar. Sin un maillón donde la cuerda ha tenido un roce importante al haber corrido los sesenta metros de la cordada anterior, la A, en la recuperación, hacen observar muy bien la maniobra. Colocan un maillón y tiran las dos puntas anudadas y la cuerda corre casi libre corredor abajo. El segundo de la B, baja rápidamente, y llega al siguiente punto de rapel, donde uno de la anterior cordada, la A, ya está bajando.



La anterior cordada, la A, tiene serias dificultades para recoger cuerdas, para montar sus autoseguros y para descender. A pesar de llevar lo último de lo último en ropa y material, se exponen demasiado al ir muy lentos, y además ralentizan a la cordada del herido, la B. Leve, pero herido. La cordada A no quiere ni oír ni hablar de bajar todos por las mismas cuerdas. No colocan maillones, precarizando más si cabe, la seguridad de los que van, y de los que puedan ir detrás de ellos. El segundo, de la B, les ayuda, colocando mosquetones para que puedan recoger mejor las cuerdas. Colabora con ellos cuando tiran del cabo equivocado, para intentar acelerar el proceso de bajada, que ya se está haciendo muy largo.

Terminada la pesadilla de los rapeles, comienza la pesadilla de descender al herido. Leve, pero herido, y con un solo crampón.  Una serie de reuniones, a sesenta metros una de la otra. Unas mejores y otras más rápidas. Crampón, patada. Crampón, patada. Crampón, patada. Con un gran sentido del sufrimiento por que no deja que se escape ni un solo "ay" , ni una sola queja, va descendiendo la cuesta. El pobre tercero, se para fatigado, por la tensión, por el daño, por no poder ver mientras baja el final de su propio calvario.





Hasta que la cuesta no cede han pasado más de cuatro horas. El día ha terminado casi por completo. La primera cordada, la B, se supone que ya ha salido por arriba, cuando se hace noche cerrada. Solamente quedan algunos cientos de metros hasta llegar de nuevo al punto de partida. Los frontales iluminan un poco por la pista helada, y los resbalones son continuos. Imagínate resbalar con un esguince, que luego resultaría ser de grado tres. El peor, el más alto, el más dañino.

No ha sido más que una nueva anécdota. Realmente podía haber sido peor, y no ha sido nada. Mañana los médicos tratarán la lesión, y en unos cuantos días, de nuevo otra vez al monte. Todos han aprendido. La cordada B, salió por arriba sin percances. Tan solo una media hora separó a las dos cordadas, la B y la C. La A, hacía muchas horas que ya se había marchado.

















CANALES DE RUZKIA

 

                      


Cuantas veces las habíamos visto desde abajo. Todas las veces que fui, fuimos, estuvimos y les dábamos de lado.

Para los endurecidos corazones de alpinista, eran un sin más. Sin menospreciarlas, pero un pequeño accidente en el macizo de los alanos. Por fin, un día, llega una propuesta para subir por ellas. El agonizante club al que pertenezco, todavía tiene quien le siga metiendo aire en los pulmones. Siempre hay alguien que no quiere dejarlo morir, aunque la agonía se hace larga. A fuerza de jadear en las cuestas, le vamos a dar un poco de respiro.

No quieren subir por el valle ascendente que queda más a la izquierda, quieren tirar de frente, a meterle bien de metros de desnivel. Están fuertes, ¿están fuertes? es un paseo, con desnivel, pero un paseo. La cuesta no es amable, la cuesta es recia, y está congelada. Este anticiclón de invierno, ha endurecido aun mas si se puede, hasta las piedras.




En el corto espacio de tiempo en que los crampones pasan de la mochila a quedarse como pegados a las suelas de las botas, en ese espacio de tiempo en que todos reunidos respiran más calmados, meten un trago de café del termo al estómago, por que el agua fría la verdad no apetece, un plátano, unos frutos secos, que para eso son gourmets de las laderas. Ahora el paisaje que queda por arriba, cambia. De las piedras pasan a la nieve. Dura, muy dura. Las técnicas de cramponeo son muy útiles. Hay que subir seguros.

Los primeros pasos con los tacones, siempre son de afianzar el paso, luego estos ya son más fluidos, y la cuesta no cede. Una media ladera, les va llevando al que será el momento cima. No habrá cima hoy. Las fotos serán cuando salgan de las cicatrices al sol. Pequeños corredores entre los cuarenta y cinco, y casi los sesenta grados. Agarran fuerte los piolets, y clavan bien los pinchos de los pies para no perder el paso, y auparos por esa canal, hasta llegar al lomo, donde el sol cegará los ojos, donde se termina la subida.








Paisajazo se ha oído decir. No extraña la expresión. Un decorado distinto, ya que el punto de vista es el que importa. Caras risueñas, sudor bajo los cascos, y satisfacción general. Ahora pasear por las lomas hasta buscar el camino de bajada por el paso de Tatxeras. 

Podrían estar andando, por el pecho de un David inmenso de mármol. Tan perfecto, redondeado, duro, blanco...Apenas arañan las puntas de los pies, esta alfombra de nieve como el cemento pulido. Un espejo en el que reflejar los rayos del sol, buscando la salida.























MONCAYO


 Otra vez.

Otra vez y todas las que hagan falta.

Una montañita amable, con el desnivel que tu le quieras hacer.  Muchas posibilidades en sus laderas. En verano y en invierno. En primavera y en otoño.

Con el bosque lleno de vida y color. Con el bosque lleno de sombras refrescantes. Con el bosque alfombrado de ocres. Con el bosque helado.



Esta vez el bosque esta helado. Todavía no corre viento. Sabemos que más adelante si. No recorremos la vía normal, ni la vía del cucharón. Hacia Peña Nariz, por un camino desconocido para mi. Natxo, hace de guía. Conoce el camino y camina seguro de hacia donde va. El suelo esta bien cubierto de una capa de nieve, que hace que perdamos de vista las botas en cada paso.




 Nieve polvo que no dificulta el ritmo. Ritmo que disminuye subiendo al collado de Castilla donde el suelo nos va a enseñar una de sus caras más ásperas, más frías, donde la cencellada es la protagonista, dura como el diamante y donde nos encontramos con los primeros madrugadores que ya bajan, armados con crampones, que deben ser para roca, ya que bajo el hielo, las piedras duermen. 





Ya se echaba en falta el aire del Moncayo, asomaba tímidamente pero ahora es el protagonista. Entre el frío del suelo y el frío del cielo, anda desbocado el frío viento, amenazando con helar a los pobres montañeros que no tengan el equipo adecuado. 

Se hace larga la subida a la cima. La llegamos a comparar con la subida a Mont Blanc, desde las Roches Rouges  en la ruta de los cuatromiles. Sin nada que envidiar a los últimos metros de esa ruta, para llegar a la cima. Quizás la altura sea la diferencia. 






Ahora si hemos llegado al templo del frío. El viento juega a hacer banderas con el hielo y huimos buscando el calor para seguir hasta Lobera. Toda el camino cimero hasta donde parece que se quiere terminar, para con un quiebro adivinar entre la nieve el camino que desciende buscando el circo de Morca y el de San Gaudioso antes de llegar al santuario donde cambiamos el frío ambiental, por el calor de una buena cazuela de migas.











DAKOTA LINE. 190m. 6B+/Ae (V+ obl) MALLOS DE AGÜERO

 


Mallos de Agüero. 

Que temidos durante mucho tiempo por lo recio de sus vías.  

Ayer Riglos, hoy Agüero. Un paso más. 

La idea inicial es la normal a peña sola. Un chaval dando vueltas descontrolado colgando de un estribo en el primer paso de la vía nos dice mucho. Sus compañeros están arriba en la reunión, pero este muchacho no sabe salir, o no puede. Decidimos buscar otro terreno de juego.

Como plan B, llevamos la Dakota Line. Mas dura, con pasos de artificial. ¿Pasaremos? Seguro.



Cambiamos las cordadas. Me toca con Iagoba, el más joven. Luís y Ramón, van a intentar liberar todos los pasos de la vía.

Arranca Iagoba en el primer largo. Un 6a/6a+, que ya va diciendo como va ir el resto de la escalada.

Al grito de reunión, es mi turno, y comienzo a penar por las pequeñas presas. La reunión me da un momento de respiro. Salgo convencido a escalar, pero nada más chapar la primera, me doy cuenta de que va a haber que echar el resto.

No es mi grado. Es más, creo que me supera por mucho. No importa, el A0 resuelve muchos problemas verticales, pero amigo, las chapas no están a la mano. Hay que superarse un poco, como medio metro largo para poder llegar a la siguiente, y con este plan, empleo todas mis fuerzas y recursos en llegar a la siguiente, a la siguiente, a la siguiente...


En una de las chapas, el mosquetón me caza un dedo contra otro mosquetón, y me rasga la piel. A partir de ese momento, marco el resto de la vía con sangre. Es muy dura la progresión. De chapa a chapa, tirando de brazos como un gorila, voy ganando metros en este desplome. No veo el momento de poder pasar a escalar en libre, y cuando puedo hacerlo, tan solo me queda un paso de V hasta la reunión. Iagoba también sufre lo suyo. Escalar todo en A0, es muy cansado. Cuando este llega a la reunión, miramos la reseña y esta dice que V+/A0, IV+, Ae(3p), 6a/A0 y V. Te lo traduzco. Arranca el largo en quinto superior, agarrándote a las cintas, baja a cuarto superior, y entras en una zona de artificial equipado que dice que son tres pasos, sigue una zona de sexto agarrándote a las cintas, y terminas en un quinto. Creo que me he equivocado de largo, por que yo eso no es lo que he intentado escalar.

Iagoba también ha llegado a la reunión fundido.

Al poco, oímos resoplar a Ramón, que viene apurando, y eso que escala bastante más que nosotros dos juntos. Y el último es Luís, que viene disfrutando. Con la descarga que tiene, ir con la cuerda por arriba.

Los cuatro en la misma reunión, que más vale que es cómoda. Ellos que escalan de verdad, le dan el grado a la vía, y coinciden en un grado de 7b. ¡¡¡Estamos locos !!!

Entre la petada, y el horario, decidimos que lo mejor es bajarse desde aquí. Ya volveremos a darle venganza.



¡¡VENGANZA!!



























NEGRO SOBRE ROSA. 200m. 6A+ (V+ obl) MALLO DE ENMEDIO. RIGLOS


                 


                 

 Riglos. De nuevo en los mallos de Riglos. En el reino de la verticalidad. El reino de los bolos. El reino del vacío a los pies.

Sabemos que va a estar lleno de gente. Lleno de cordadas. Cada uno buscando su escalada, su hazaña, o lo que busque cada uno. Nosotros queremos diversión. Escalando pero diversión. Luis, Iagoba, Ramón y yo. Dos cordadas. Dos vías. La Choper, y la Choperior. En el mallo Pisón.

 Como los planes están para romperlos, cuando llegamos ya hay un par de cordadas metidas en la pared. Otras tres esperando abajo. Había que haber madrugado más. Plan B. ¿Será por vías para escalar en el reino de los mallos? Rebuscamos en el libro de reseñas y nos gusta la Negro sobre Rosa. Ninguno la hemos hecho, y así descubrimos este mallo,  el de enmedio, por el que nunca nos hemos subido. Se encuentra un poco escondido entre el cuchillo, y el  frechín.





Organizamos las cordadas. Luis y Yago se van juntos, y los viejos y gordos después.
 Vamos a escalar en escuchapedos, que consiste en que el que va segundo de la primera cordada, está un poco por encima del primero de la cordada que va detrás. 
Los dos primeros largos son unos sesenta metros continuos de dificultades ente el V y el V+. Empalmo los dos largos, con el consiguiente peso de las cuerdas, y aunque son lineales, se nota el roce de estas contra la roca, los mosquetones....
También hago el tercer largo, que es una travesía de grado III+.
Rai sigue por el siguiente de V+/6a.
 Mientras estamos al sol, la temperatura es muy agradable. Un poco de viento mueve el flequillo y casi hace calor al sol. Disfrutamos de la estancia en las reuniones. Ahora con uno de la otra cordada, ahora con el otro. Resuenan nuestras carcajadas, mientras se escuchan gritos de reunión, pilla, cuerda, a lo largo del resto de las paredes que se han ido llenando de numerosas cordadas.
La vía se divide como en dos partes, aunque sean seguidas. Hasta ahora hemos escalado Rosaleda, una vía de los años sesenta según dice la reseña, y ahora escalaremos negro, nuevo itinerario por el mallo de enmedio. De esta reunión se puede escapar por la canal herbosa. 
Continuamos sobre negro. A la sombra. Aquí hace frío. 






Somos de combatir el frío con risas, pero vamos rápidos para salir por arriba. Empalmando largos para  ir más veloces. Sin dejar de lado la seguridad. Las dificultades entre el V+ y el 6a+  te sacan el frío rápido del cuerpo, y al llegar arriba del todo el sol nos vuelve a dar esa calidez que estábamos ansiando. Se ven cordadas en lo alto del Pisón, en su collado, en la visera. Mucha gente ha terminado la faena de hoy, y a todos antes o después nos va a tocar bajar. Buscamos el camino de vuelta, y de nuevo buscamos la paz del suelo.
Una bonita vía sin grandes dificultades, con esa escalada tan rica que se da en estas fantásticas paredes, tantas veces tocadas.